El reto de cuidar un legado de 150 años desde una nueva mirada
Entrevista a Sonia Cano, directora de la Fundación Asilo San Juan Bautista
Tras más de un siglo y medio de presencia ininterrumpida, las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl cerraron una etapa en la dirección de nuestro centro en diciembre de 2024. Hoy nos sentamos con Sonia, quien, tras 27 años como psicóloga de la casa, asume el timón como la primera directora laica en este hogar. Hablamos con ella sobre la transición, los miedos y la ilusión de este nuevo horizonte.
Entrevistador (Educador Social): Sonia, llevabas 27 años recorriendo estos pasillos como psicóloga. Conocías cada rincón y cada historia de vida. Pero desde hace un año, el despacho ha cambiado y la perspectiva también. ¿Cómo se siente una al sentarse en una silla que ha estado ocupada por las Hijas de la Caridad durante 150 años?
Sonia (directora de la Fundación): Si te soy sincera, los primeros días sentía un respeto que casi rozaba el vértigo. No es solo un cambio de despacho o de tareas; es un cambio de era. Las Hermanas han sido el alma de esta casa durante siglo y medio, y eso pesa, en el buen sentido. Pero, a la vez, me siento extrañamente “en casa”. No soy una extraña que viene a implantar un modelo externo; soy alguien que ha crecido aquí. Mi mirada de psicóloga me ayuda a no olvidar que, detrás de los presupuestos y la burocracia que ahora me toca gestionar, lo más importante siguen siendo las personas.
Entrevistador: Ese cambio de diciembre de 2024 fue un momento emocionalmente intenso para todos. Se fueron las Hermanas y, por primera vez, la responsabilidad total recae en manos laicas. ¿Qué es lo que más te preocupa de esta nueva etapa?
Sonia: Mi mayor preocupación —y a la vez mi mayor ocupación— es mantener vivo el carisma y la forma de hacer de tantos años. Las Hijas de la Caridad nos dejaron un estilo de acogida muy concreto: la sencillez, la entrega y el poner siempre al más vulnerable en el centro. Mi miedo era que, al marcharse ellas, el centro se “enfriase” o se convirtiera en una institución puramente administrativa. Por eso, mi reto es demostrar que los laicos podemos mantener ese mismo carisma desde nuestra profesionalidad y nuestro compromiso.
Entrevistador: Como psicóloga, tu herramienta de trabajo era la escucha y el acompañamiento a la persona. Ahora, como directora, te toca lidiar con números, convenios y la gestión del equipo. ¿Qué es lo que más echas de menos de tu labor anterior?
Sonia: Echo de menos el contacto directo y diario con los usuarios, esa “trinchera” terapéutica donde ves los cambios pequeños pero profundos. Ahora mi agenda la dictan las reuniones externas y muchos Excels. Sin embargo, intento aplicar la psicología también a mi rol de dirección: escuchar a los trabajadores, entender qué necesita el equipo educativo para no quemarse y cuidar el clima laboral. Si el equipo está bien, la atención que reciben los usuarios será de calidad. He pasado de cuidar a personas individualmente a intentar cuidar a la organización entera.
Entrevistador: Ciento cincuenta años es mucho tiempo. Hay dinámicas muy arraigadas. ¿Tienes previsto hacer grandes cambios a corto plazo o prefieres una transición suave?
Sonia: Creo en los cambios, pero no en los impuestos, sino en los suaves, donde todos y todas participen. No tendría sentido romper con lo que funciona. Las Hermanas hicieron un trabajo increíble adaptándose a los tiempos, y nosotros debemos seguir esa estela. Quizás ahora aportemos una estructura más técnica en algunos procesos o una horizontalidad diferente en la toma de decisiones, pero la meta es la misma. El cambio más grande es el que ya ha ocurrido: que ahora somos nosotros, los profesionales laicos, quienes tenemos que sostener este proyecto con nombre propio.
Entrevistador: Para terminar, Sonia, si pudieras enviarles un mensaje a las Hermanas que estuvieron aquí antes que tú, y otro a nosotros, tu equipo, ¿qué nos dirías?
Sonia: A las Hermanas les daría las gracias por la confianza y por habernos preparado, sin saberlo, durante estos últimos años para este relevo. Nos dejaron los cimientos; a nosotros nos toca seguir con este legado precioso.
Y al equipo… os pediría paciencia y confianza. Este es el primer año de una “nueva” vieja historia. No quiero ser una directora que manda con autoritarismo, sino la psicóloga de siempre que ahora tiene más herramientas para que todos podamos hacer mejor nuestro trabajo, para poder acompañar al equipo en su buen hacer.