Y eran solo doce
Ante todo, feliz año 2026. Agradezcamos, cantando, la gracia de un Año Jubilar: año de esperanza para el mundo y para nuestra “Pequeña Compañía”.

Entre los papeles que nos llegan para preparar el espíritu y el estilo adecuados para una asamblea, van apareciendo LUCES QUE ILUMINAN LA REALIDAD. ¡Qué curioso!
Para un evento tan importante —una asamblea en la que hay que avivar el cerebro, rumiar, compartir y consensuar— se nos remite a un tal ANEXO II. Allí aparecen DOCE cantoras, bien afinadas, servidoras y agradecidas: un grupo que entona un Magníficat, a doce voces, nunca oído ni en la mejor agrupación polifónica. No podremos negar su belleza si tenemos unos minutos para escucharla. Un santo que conocemos muy bien por su apreciación de los sonidos diría: «¡Oh, Salvador! ¿Cómo es esto posible?».
Son DOCE… número que aparece en el primer catálogo de la historia de la salvación. A Jesús le pareció un número adecuado para empezar la melodía, a sabiendas de que ese grupo atraería no el “ciento por uno”, sino muchos cientos. Y ahí estamos, entonando el Magníficat, aunque, a veces, se nos olvide mirar la mano del director del coro.
Feliz año nuevo, cantoras. Tendremos ocasión y momentos de ensayo; momentos en que nuestras voces no sean capaces de subir escalas imposibles… Tendremos que calibrar si, haciendo segundas voces, ya es suficiente; eso sí, animando a aquellas voces privilegiadas —que las hay—.
Estimada coral, el nuevo año nos apremia a cuidar las voces para sacar las mejores melodías. Seguro que será un feliz año 2026.
Comisión de Comunicación