Testimonio de la Residencia Luisa de Marillac, Alboraya

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15 | 02 | 2025

Seguir dando cobertura: seguir tendiendo la mano. 

Hablar y revisar los valores de las Hijas de la Caridad es sinónimo de justicia, de estar presentes, de dar respuestas a las necesidades sociales a las que ya, en aquellos tiempos, venía resolviendo nuestro fundador San Vicente de la mano de Luisa de Marillac, entregándose a la causa y a los más necesitados. En ello siguen incesantes las Hijas de la Caridad, creando y generando nuevos recursos a las necesidades que todavía siguen emergiendo.

Lo hacían en 2010 introduciéndose en un nuevo recurso que forma parte ya del Sistema Público Valenciano de Servicios Sociales: la Residencia para adolescentes embarazadas y madres adolescentes “Luisa de Marillac”. Se trata de una Residencia que brinda apoyo psicológico, social y educativo a las adolescentes embarazadas y con hijos e hijas que se encuentran en situación de vulnerabilidad o riesgo de exclusión social.

Se caracteriza por prestar acompañamiento en la maternidad en esta temprana edad, sin olvidar que se tratan de adolescentes con necesidades propias en una etapa que requiere ser atendida. En este sentido, la maternidad supone una dificultad en esta etapa para lograr la independencia o emancipación sin apoyos cuando, tras el paso por la Residencia, y al cumplimiento de su mayoría de edad, tienen que hacer frente a su salida. Algunas de ellas se encuentran sin recursos para su alojamiento y por tanto, para su salida “hacia delante”. Se trata de una dificultad real de hallar vivienda que les permita alojarse junto con sus hijos e hijas si no se cuenta con una red de apoyo familiar o social.

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Durante su estancia en la Residencia, se persigue dotarlas de una serie de habilidades y capacidades para la autonomía encaminadas a la inserción socio-laboral que les vaya preparando para una vida independiente. Porque emanciparse es una necesidad más a la que hay que dar respuesta. La red de servicios es escasa, insuficiente. Algunas de las personas acompañadas vuelven a encontrase en la misma situación y esta vez, sin que el sistema público y el Estado de Bienestar les pueda ofrecer una alternativa para su alojamiento y una nueva oportunidad que dé continuidad a la estancia en la Residencia para que puedan seguir desarrollándose como parte activa de ésta, nuestra sociedad.

A medida que van acercándose a la mayoría de edad, la angustia, sentimiento de soledad, la incertidumbre, inseguridad y preocupación se van apoderando de su estado emocional. No saber qué va a pasar, hacia dónde se va a caminar, los apoyos o recursos con los que se va a contar. En definitiva, no contar con un lugar donde poder estar. En palabras textuales de una de las personas acompañadas, cuando apenas le quedan cuatro meses para su mayoría de edad: ”Me daría mucha tranquilidad tener un piso para poder vivir y poder salir adelante junto con mi hijo”. Nuevamente, las Hijas de la Caridad, tienden su mano, poniendo a disposición y ofreciendo uno de sus recursos no concertados, brindando temporalmente y de forma alternativa, una vivienda que supone un alojamiento que les sirve de puente para seguir creciendo y madurando en éste camino hacia su inserción. Cuestión de justicia y caridad es esto.

Sabedoras de la insuficiencia de recursos habitacionales para las características de éstas jóvenes madres ex tuteladas y en profunda preocupación por ello, las Hijas de la Caridad, prestan servicio y alojamiento en muestra de confianza en la capacidad de superación y crecimiento de éstas jóvenes y sus pequeños o pequeñas.

Pero esto no es suficiente. Se necesita una red pública que cubra la demanda real, un estado de Bienestar que haga efectivo el derecho a la igualdad de oportunidades con mayor número de viviendas para jóvenes madres en situación de riesgo de exclusión social. Para que los esfuerzos no queden en vano, para que no se encuentren nuevamente desamparadas y en soledad y todos los recursos que han sido utilizados hasta el momento sigan teniendo efecto. Para que las adolescentes madres en situación de monomarentalidad sigan consiguiendo metas y acompañando a sus hijos e hijas hacia una mejor calidad en su larga vida, se necesitan recursos para su alojamiento, y una administración pública que apueste por una red de viviendas públicas. No hacerlo, supone condenarlas a retornar a contextos de elevado riesgo y/o desamparo.

Begoña Granell

Educadora Residencia Luisa de Marillac