27 DE SEPTIEMBRE
San Vicente de Paúl y la Jornada Mundial de las Personas Migrantes y Refugiadas 2026
Hoy celebramos a San Vicente de Paúl, hombre de mirada profunda y corazón compasivo, que supo descubrir en cada persona empobrecida el rostro mismo de Cristo. Su legado sigue inspirando nuestra misión como Hijas de la Caridad: acercarnos con humildad, escuchar antes de juzgar, servir antes que opinar, construir encuentro allí donde otros levantan distancias.
Este año, la fiesta de San Vicente coincide con la Jornada Mundial de las Personas Migrantes y Refugiadas, una coincidencia que nos invita a mirar nuestro mundo con los ojos del Evangelio.
Vivimos tiempos en los que la realidad migratoria suscita sentimientos diversos. El dolor, la preocupación, el miedo, la impotencia o la esperanza conviven en nuestra sociedad. Acontecimientos recientes, como los vividos en Ceuta, nos recuerdan la complejidad de una realidad que no admite respuestas simples. Detrás de cada noticia hay personas concretas: quienes dejan atrás su hogar buscando una vida mejor; quienes trabajan para garantizar la seguridad y el orden; quienes acogen; quienes se sienten desbordados; quienes sufren incertidumbre por el futuro.
Como familia vicenciana, queremos reconocer el corazón humano presente en todas esas realidades. Porque el Evangelio nos invita a ir más allá de las etiquetas para encontrarnos con las personas. San Vicente nos enseñó que la caridad comienza cuando somos capaces de mirar a cada ser humano con respeto, dignidad y misericordia.
Hoy rezamos por las personas migrantes y las personas refugiadas, por quienes se ven obligados a abandonar su tierra, por quienes han perdido la esperanza, por quienes buscan refugio y oportunidades. Rezamos por los ceutíes, y aquellas comunidades de acogida que experimentan el impacto de estos movimientos humanos y que, en ocasiones, se sienten desbordadas o inquietas ante cambios rápidos en su vida cotidiana. Rezamos también por quienes tienen la responsabilidad de gestionar situaciones tan complejas, para que el diálogo, la justicia y el bien común iluminen siempre sus decisiones.
Y renovamos nuestro compromiso de estar cerca de los más vulnerables, allí donde la pobreza adopta nuevos rostros y donde la fraternidad sigue siendo la respuesta más profundamente humana.
Que San Vicente de Paúl nos conceda un corazón atento, capaz de escuchar el sufrimiento, reconocer la dignidad de cada persona y sembrar puentes de encuentro en medio de nuestras diferencias.
Porque allí donde una persona es acogida en su dignidad, allí comienza el Reino de Dios.
¡Feliz fiesta de San Vicente de Paúl!