Saber más para servir mejor: un encuentro que deja huella
El pasado 7 de octubre vivimos en la Escuela Solc Nou una jornada muy significativa.
Recibimos la visita de un grupo de Hijas de la Caridad, que venían a conocer de cerca la realidad de nuestro centro y algunos de los proyectos que desarrollamos desde el carisma vicenciano.
Se trataba de Sor Antonia González, Consejera General, acompañada por Sor Maribel Vergara, Visitadora de la Provincia España Este, y algunas hermanas de su consejo: Sor Laura García, Consejera de Formación, Sor Amparo Ripoll, Consejera de Acción Social y Menores y Sor Pilar Herrando, C. de Enseñanza.
Junto a ellas, compartieron el día, profesorado, alumnado, personal del centro y hermanas que colaboran activamente con nuestros proyectos.
Para todo el equipo de Solc Nou, fue mucho más que una visita institucional. Fue un encuentro entre personas que comparten una misma misión: educar, servir y transformar desde el carisma vicenciano.
Desde el primer momento se respiró un ambiente cálido y familiar. La jornada se inició con una oración profunda y simbólica, que nos recordó el sentido comunitario y esperanzador que inspira nuestro trabajo diario a través de la lectura del poema “Decir Comunidad” de Marcelo A. Murúa. Así, iniciamos la jornada reflexionando sobre cómo educar es construir juntos, sembrar esperanza y vivir desde el Evangelio.
Explicamos a las hermanas el significado de “Solc Nou” —surco nuevo— como metáfora viva de nuestro proyecto educativo: sembrar, cuidar y hacer germinar el potencial de cada persona en esa tierra fértil donde trabajamos cada día valores, acompañamiento, aprendizaje y transformación.
A lo largo de los años, esa semilla ha crecido con fuerza, y ese día tuvimos la oportunidad de mostrar cómo florece a través de los proyectos de Aprendizaje Servicio, que son ya un eje central en nuestra escuela.
Cinco proyectos, una sola misión
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Cinco proyectos fueron los protagonistas de una dinámica en la que, a modo de conversación, el profesorado, alumnado y hermanas que colaboran en los proyectos compartieron sus vivencias y experiencia en cada uno de ellos:
En primer lugar, se presentó “Amigos de Mokom”, una iniciativa solidaria con la escuela La Milagrosa de Mokom (Guinea Ecuatorial), que ha calado hondo en toda la comunidad educativa, bajo el lema “Saber más para servir mejor”.
Sor Pilar Bielsa, con profunda emoción, compartió: “Este proyecto genera círculos virtuosos de retroalimentación. Cada gesto impulsa el siguiente.” Y añadió una frase que nos tocó el corazón: “Aprender no como fin, sino como camino para amar y transformar.”
Se continuó con el proyecto “Te acompañamos”, un proyecto de síntesis del ciclo de auxiliar se enfermería, que conecta al alumnado con las Hermanas mayores en Comunidades y residencias, generando vínculos de vida, respeto y dignidad.
Sor Rosalía compartió emocionada: “vuestros alumnos no solo vienen a aprender, vienen a dar. Nos escuchan, nos alegran. Le dan sentido a nuestra misión compartida.”
Las alumnas que participaron en el proyecto, comentaron que “Aprendían lo que no se enseña en los libros: a estar, a acompañar, a mirar con ternura y que cuando las hermanas explicaban sus historias de vida, era como estar en compañía de una gran familia junto a ellas”
Después, seguimos con “Cada día es una historia”, en colaboración con Llar de Pau, que permite al alumnado escuchar y acompañar a mujeres en situación de gran vulnerabilidad social,
Sor Carmen Aluja intervino destacando cómo “los estudiantes se acercan a las residentes con una mirada limpia. No juzgan, respetan, acompañan. Eso es el carisma vicenciano.” Y nos regaló una frase que nos llenó de esperanza: “Estos proyectos son semilla de presente y de futuro.”
El alumnado participante quiso remarcar como “el hecho de acompañarlas y compartir espacios creativos y dinámicos con ellas, les ayudó a crecer por dentro.
El penúltimo proyecto presentado fue “Farmaconsejos”, donde el ciclo de Farmacia diseña actividades útiles, creativas y llenas de valores sobre temas de educación para la salud. Los talleres se comparten con residencias y comunidades.
El alumnado participante remarcó cómo “Estas experiencias te hacen entender que tu conocimiento puede tener impacto social. Te hacen crecer como profesional y como persona.”
Y para finalizar, se explicó “Vides”, un proyecto que une generaciones a través del valor del estar, del escuchar y del compartir historias de vida con las Hermanas en sus comunidades. “Las vides dan fruto. Igual que las vidas de las Hermanas, que enseñan desde la experiencia.”
El profesorado explicaba que “No se trata solo de lo que se enseña, sino de lo que se vive. Estar presentes con ellas nos transforma.”
Sor Pilar Poyo y Sor Eduarda Vergara dijeron con ternura: “Nuestros pasillos se llenan de vida cuando los jóvenes llegan. Les esperan con alegría.” Y todos evocamos aquí también a nuestra querida Sor Amor Álvarez, recordada con gran cariño por su entrega silenciosa y humilde en el transcurso de este proyecto, siempre motivada y dispuesta a colaborar.
A su vez, el alumnado reconoció que el proyecto “les ayudó a unir la teoría con la práctica uniendo Ética, vocación y servicio.”
Cada intervención estuvo cargada de emoción, autenticidad y sentido.
Escuchar a exalumnos y profesorado contar cómo estos proyectos han marcado su trayectoria personal y profesional, fue un regalo. Las hermanas, por su parte, respondieron con palabras de gratitud, con emoción en la mirada al ver cómo el carisma vicenciano se mantiene vivo y fecundo.
La jornada no terminó ahí. Las hermanas pudieron ver en directo el proyecto “Cuidemos a nuestros mayores”, donde el alumnado realizaba talleres prácticos para personas solicitantes de asilo del proyecto Chatillón. Una muestra más de cómo nuestros jóvenes no solo aprenden, sino que se transforman transformando.
También compartieron un espacio de diálogo en la clase de Ética Profesional, un crédito creado por la escuela, donde el alumnado desarrolla su pensamiento crítico y El símbolo del colibrí El colofón fue un gesto simbólico y profundo: la lectura de una fábula y la entrega del pequeño colibrí. Un recordatorio de que cada gesto cuenta, y de que juntos, podemos construir un mundo más humano y justo.
A veces, podemos tener la sensación de que nuestras acciones parecen pequeñas, de que unas pequeñas gotas no pueden apagar un incendio.
Pero como dice la leyenda del colibrí, aunque las acciones sean pequeñas, tienen mucho poder, quizás no puedan apagar el incendio, pero pueden hacer algo másimportante: inspirar y contagiar y transformar.
El incendio del relato solo se pudo apagar cuando muchísimos animales entendieron la importancia de hacerlo. Y ese fue el mayor logro del colibrí.
Podemos ser esos colibríes. Porque nuestras acciones y ejemplos pueden ayudar a cambiar el mundo.
Con la entrega del colibrí, se agradeció a Sor Antonia por hacerse presente, explicando que el pequeño pajarito simbolizaba nuestro pequeño colegio, porque también nosotras queremos aportar nuestra gotita de agua para mejorar este gran océano que es la Vida, a través de los proyectos que desarrollamos.
Un gesto que nos recordó que cada acción, por pequeña que parezca, cuenta en la construcción de un mundo mejor.
La jornada concluyó con una merienda con dulces típicos catalanes, compartida entre sonrisas y gratitud.
Y tras compartir la merienda, cerramos el encuentro con una certeza compartida: el carisma vicenciano está más vivo que nunca en nuestra escuela. Porque cuando educación, vocación y servicio se encuentran, nace algo que trasciende: nace comunidad, nace esperanza.
Lo vivido ese día fue mucho más que un encuentro institucional: fue una experiencia comunitaria profunda, de esas que dejan raíz. Trabajar en Misión Compartida junto a las Hijas de la Caridad es una gran oportunidad para que la Comunidad Educativa de nuestro colegio se sienta parte de esta gran familia vicenciana y para que el alumnado pueda empaparse de valores y conozca mejor el trabajo diario de las Hermanas desde esa vida de Servicio que las caracteriza.
Sor Antonia González, Consejera General, cerró con palabras que aún resuenan en nuestros corazones: “Aquí el carisma vicenciano no solo se enseña, se vive. Estáis encarnando la misión.”
Como decía San Vicente, el bien no hace ruido, y de esta jornada nos fuimos con el corazón lleno y la certeza de que el carisma vicenciano se mantiene vivo en cada rincón de Solc Nou. Porque cada gesto, cada proyecto, cada joven... es una semilla que sigue creciendo silenciosamente, para intentar hacer el bien y dar fruto en la futura vida personal, profesional y humana de cada uno de ellos.
Gracias a las Hijas de la Caridad por vuestra vida entregada, vuestra presencia cercana, y por seguir sembrando junto a nosotras en esta pequeña escuela de Formación Profesional que es Solc Nou.
Durante toda la jornada tuvimos muy presente a nuestra querida Sor Rosa García, que siempre creyó en estos proyectos como una manera de vivir la escuela en Pastoral.
Desde aquí, trataremos que la semilla siga creciendo, desde la Misión compartida, pues cuando nos unimos, se multiplican las posibilidades de sembrar justicia, dignidad y esperanza.
Sois un ejemplo que nos inspira diariamente en nuestra labor educativa ¡Gracias por vuestra visita y hasta la próxima!
Anna Carmona y Comunidad educativa de l’Escola Solc Nou