Rehacerme para volver a entregarme

Crónicas de una valenciana en Colombia
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15 | 04 | 2026

Octavo mes en Vitoncó – Noveno mes en Colombia 

«Te basta mi gracia, porque mi poder se manifiesta en la debilidad.» (2 Corintios 12,9)

Este mes ha sido especialmente intenso y completo, marcado por experiencias muy distintas entre sí, pero profundamente conectadas.

Después de haber estado enferma durante varios días —diez días en cama, con mucho cansancio y debilidad—, necesitaba realmente recuperarme. Por eso, el tiempo de Ejercicios Espirituales en Bogotá llegó como un regalo muy oportuno: no solo como un espacio de renovación espiritual, sino también como una verdadera recuperación física.

Llegué cansada, todavía débil, pero poco a poco fui sintiendo cómo se iban recomponiendo las fuerzas. Los ejercicios me ayudaron a rehacerme por dentro y por fuera. Fueron un tiempo para volver a centrarme, para preguntarme de nuevo qué quiere Dios de mí en este momento, cómo estoy viviendo la misión y desde dónde me estoy entregando.

Fue, en el fondo, un volver al origen: un volver a colocar a Dios en el centro y a renovar, desde ahí, el sentido de todo lo que hago.

Al terminar los ejercicios, fui directamente a Belalcázar, donde nos reunimos las comunidades de Río Negro, Río Chiquito y Vitoncó para renovar juntas los votos el día de la Encarnación.

Fue una renovación muy especial. Por un lado, porque era la primera vez que la vivía aquí, en Colombia; por otro, por la riqueza de hacerlo juntas, compartiendo la preparación y la celebración. Cada comunidad aportó algo: el retiro del día anterior, la liturgia, los cantos, la Eucaristía… y eso hizo que todo fuera mucho más vivido y más profundo.

Además, tenía un significado especial por el momento que vivimos como Provincia. Las comunidades de Río Negro y Río Chiquito pertenecían a la antigua provincia de Bogotá, mientras que nosotras, en Vitoncó, pertenecíamos a la de Cali. Ahora, con la nueva configuración en la Provincia de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, esta renovación fue también, de alguna manera, un “sí” reconfigurado, vivido en comunión con hermanas que antes pertenecían a otra realidad provincial.

Y es verdad que, cuando nos conocemos más, también nos queremos más. Fue un encuentro muy sencillo, pero muy lleno de vida y de fraternidad.

Después, casi sin pausa, comenzamos la misión de Semana Santa.

Iniciamos yendo a Taravira, una vereda donde hay más presencia evangélica y menos tradición católica. Sentíamos el deseo de acercarnos, de conocer y de encontrarnos. Fue una experiencia muy bonita: pudimos visitar familias, compartir con personas católicas que deseaban celebrar la Eucaristía, pero también con familias evangélicas, con las que se creó un ambiente de cercanía y respeto mutuo. Fue un encuentro sencillo, pero muy significativo.

Los días del Triduo Pascual los vivimos dividiéndonos en pequeños grupos. Algunas hermanas fueron a Chinas y a Suin, y otras nos quedamos en Vitoncó.

Allí pudimos vivir una Semana Santa profundamente encarnada en la vida de la gente: muy sencilla, pero muy llena de sentido.

Uno de los momentos que más me impactó fue el del Santo Sepulcro. Ver cómo descendían a Jesús y cómo la gente se acercaba a ofrecerle cosas: hijos, cuadernos, cultivos… todo lo que forma parte de su vida. Lo llevaban para que el Señor lo bendijera, con una fe muy concreta, muy unida a la vida cotidiana.

También fue muy hermoso el Vía Crucis, con una cruz grande que necesitaron muchas personas para llevarla, y que ahora ha quedado colocada en un barrio como un lugar de oración, de memoria y de encuentro con el Señor.

Y el domingo de Pascua, con la procesión del encuentro entre el Resucitado y su Madre, vivida con la sencillez del pueblo y acompañada por la banda de música, fue un momento muy emotivo.

Ha sido una Semana Santa vivida en comunidad, con la gente, con mucha cercanía y con mucha verdad. También con cansancio, pero con una alegría profunda.

Después de todo esto, hemos tenido también un espacio distinto: una salida comunitaria que llevábamos tiempo preparando. Durante el año habíamos ido ahorrando con pequeños esfuerzos, y ahora hemos podido realizar este paseo juntas.

Para mí ha sido un regalo, no solo por conocer lugares nuevos de Colombia, sino por lo que supone a nivel comunitario: salir de la rutina, compartir desde otro lugar, tener un espacio más distendido, más gratuito. Nosotras vivimos en lugares bastante aislados y, aunque salimos con frecuencia, casi siempre es por necesidad. Este ha sido un tiempo de expansión, de descanso compartido, de seguir construyendo comunidad desde otro ritmo.

Al mirar el conjunto, siento que este mes ha sido un mes muy completo: un mes en el que he pasado de la debilidad a la recuperación, del silencio de los ejercicios a la renovación del “sí”, de la misión intensa de la Semana Santa a la alegría sencilla de la vida comunitaria.

Un mes en el que, de distintas maneras, he podido volver a entregarme.

Y en todo ello, sigo descubriendo que es Él quien va haciendo el camino, poco a poco, también en lo cotidiano, también en lo sencillo.

«Permanezcan en mi amor.» (Juan 15,9)

Mª del Mar Sanchis HC