Peregrinos de esperanza… enviados a ser testigos
Peregrinos de esperanza… enviados a ser testigos
Entre los días 21 y 23 de octubre, un grupo de aproximadamente cuarenta personas —todas ellas directivas e integrantes de equipos de dirección de centros educativos y obras sociales de las Hijas de la Caridad, Provincia España Este— viajamos al Berceau de san Vicente de Paúl (próximo a Dax, en el sur de Francia).
Culminamos así una experiencia que nos ha dejado huella. Hemos coincidido en este viaje personas con responsabilidad en la gestión de equipos humanos y de recursos materiales y económicos, cuyas decisiones y acciones impactan en miles de niños, familias y personas acompañadas a través de los distintos proyectos educativos y sociales que lideramos.
Ha sido un buen colofón a la primera edición de la Escuela de Liderazgo Vicenciano, un itinerario de formación y crecimiento que ha buscado fortalecer un liderazgo arraigado en el carisma de san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac: un liderazgo que sirve, acompaña y transforma.
La peregrinación al Berceau nos ha permitido visitar —en algunos casos, conocer por vez primera— el lugar donde nació san Vicente de Paúl y donde dio sus primeros pasos quien habría de inspirar, siglos después, un movimiento de amor y servicio inagotable, concretado en la extensa familia vicenciana. Recorrer aquellos caminos y detenernos ante las huellas de su infancia y juventud ha sido como un regreso al origen, allí “donde todo empezó”.
En aquel entorno rural, profundamente simbólico, hemos tenido la oportunidad de mirar hacia dentro, reencontrarnos con el sentido profundo de nuestra vocación y redescubrir la fuerza que impulsa nuestra tarea diaria. Hemos dejado a un lado el qué y el cómo de nuestro hacer, para adentrarnos en el porqué: el porqué de san Vicente, nuestro porqué (y por quién).
Allí donde la historia vicenciana comienza, comprendimos que el liderazgo vicenciano no es un cargo ni nace del poder, sino del servicio; no se sostiene en la autoridad, sino en la entrega; no se mide en resultados, sino en improntas, en vidas tocadas por la esperanza.
La Escuela de Liderazgo y esta experiencia en el Berceau han sido más que un viaje: una peregrinación al interior, un regreso a las fuentes, una pausa para escuchar la voz que sigue llamando al servicio y a la entrega. En los lugares donde Vicente soñó, comprendimos que liderar es servir, acompañar y caminar juntos en misión compartida.
Cada encuentro personal fue un regalo; escuchar a las compañeras y compañeros, un gozo; compartir preocupaciones e incertidumbres —pero también ilusiones y retos—, profundamente reconfortante.
Regresamos con el corazón lleno, agradecido y con la certeza de que seguir liderando al estilo vicenciano significa mantener encendida la llama de la caridad creativa, cuidar los vínculos, confiar en la Providencia y seguir caminando juntos. Sabemos que cada decisión, cada gesto y cada encuentro pueden ser lugar donde Dios se hace presente.
Comenzamos como peregrinos de esperanza, buscando quizá aliento y pistas para afrontar los desafíos con valentía, y volvemos habiendo renovado nuestro compromiso, siendo enviadas y enviados a ser testigos de ella.
Sergio Méndez