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Pensamientos de una Hija de la Caridad en Cáritas

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19 | 05 | 2020

Estamos viviendo una gran y grave crisis sanitaria que nos afecta a todos, este Covid-19 nos ha dejado sin palabras, sin argumentos, nos ha dejado como paralizados por el miedo a contagiarnos de una enfermedad de la que no entendemos nada, de la que no sabemos nada, de la que escuchamos muchas cosas, y muchas de ellas contradictorias, a unos les afecta hasta la muerte, a otros no les afecta, pero te mata a Ti…….. y mientras tanto unos viven felizmente encerrados y otros nos tiene nada o lo que es peor, no tienen donde encerrarse ni donde refugiarse de esta pandemia.
    Los Servicios Sociales de los Ayuntamientos o de las Mancomunidades del alto Palancia, Alto Mijares… atienden las necesidades por teléfono, redactan escuetos informes que solucionan mandándolos a Càritas, en este caso Càritas Inter parroquial de Segorbe, donde recibimos los papeles y lo que es mejor, las personas, con sus dudas, necesidades, pobreza económica y pobrezas añadidas que hacen que aun sean más pobres. 
    Avanzando un poquito más acogemos a aquellos que ni tan siquiera se atreven a acudir a los Estamentos oficiales, porque todo esto le ha venido al encuentro en un lugar que no es el suyo, pues estaban para empezar a trabajar en el campo y hasta eso se ha cortado, porque no tienen papeles… y no se pueden arriesgar a acudir a un lugar que les puede aportar más trastornos que beneficios. Y lógicamente, estando incluso las puertas de los templos  cerradas: ¿Dónde van a acudir? Pues a la puerta de Càritas, donde se les acoge, se les escucha, se les da alimentos y se les dirige por un camino u otro, ya que hoy si se puede acudir a estamentos oficiales sin tener papeles o nacionalidad, pues algunos si tienen hogares y familia, solo que no pueden regresar, otros no tienen “ Más que el Cielo y la Tierra mojada, Señora, que llueve mucho”, porque encima hasta el clima se nos ha puesto en contra pues como dicen por aquí “ hemos estado los 42 días hasta San Marcos llenos de charcos” y habría que añadir que hasta después, porque han sido mucho litros los acumulados.
    A esta realidad de los que vienen al centro, hay que añadir seguramente otra aún peor, las personas más limitadas que a su situación de pobreza hay que añadir la de vulnerabilidad por años o enfermedades, que tiene que esperar que seas tú quien toques a la puerta de su casa para llevarles alimentos o medicinas, porque no pueden salir, teniendo que sufrir la doble afrenta, la de recibir ayuda de alimentación y recibirte en sus pobres y desaliñadas casas, sin tener más que ofrécete que un “ Gracias y perdone por las molestias”. Y tu compañero dice “que no es molestia”, y yo digo “ es nuestra obligación” lo digo de verdad porque es mi obligación como Hija de la Caridad Servir al Pobre, aunque ellos no lo sepan, y alguna vez escuchas  “El Señor se lo premiará”, y entonces pienso que ya me lo está premiando.
    Y ante toda esta realidad en mi cabeza hacen eco las Palabras de San Vicente“ los Pobres son mi peso y mi dolor”, porque hoy tengo que  acercarme al pobre con menos de media cara, porque la otra media la tengo cubierta por la mascarilla, con los guantes, le tengo que dar una mascarilla para que se la ponga para hablar conmigo o para acercarse a otros voluntarios , tengo que guardar las distancias…ese servicio esmerado que tanto insistía Santa Luisa a las Primeras hermanas se queda en un metro y medio, en  no poder expresar esa empatía, ni tan siquiera poder impedir que se mojen cuando llegan a la puerta de Caritas, porque el lugar es pequeño y no pueden estar dentro más de dos personas,…y mientras regreso a casa me pregunto “ ¿Señor es esto lo que quieres? . O ¿me reprochas como al Rey David, que yo vivo en casa de oro mientras tú vives en una tienda? ” Porque a mí me espera una casa, una Comunidad que se interesa por mi labor, un plato de comida caliente hecho con cariño, pero a muchas de esas personas  ¿Que les espera?  quizá unos hijos que esperan dulces y nosotros solo podemos darles salado, quizá un marido que no le apetece lo que llevan a casa y monta en cólera, quizá la soledad de un rincón vacío que solo responde silencio, quizá…
    Y ante todas esas preguntas, dudas y luchas, solo me queda decir “Gracias Señor por este regalo que me das todos los días”
                                                                         Sor Desamparados Ayuso