La vida como Vocación
El pasado viernes 27 de marzo nos reunimos en Castellnovo profesionales del ámbito de la acción social y de centros educativos con el objetivo de profundizar en el lema “La vida como vocación”, enmarcado en un tiempo especialmente significativo como es la Cuaresma.
El encuentro fue una oportunidad única para adentrarnos en la vivencia de nuestra vocación, guiados por el jesuita Alfonso Alonso-Lasheras, responsable del programa de vocación jesuita y experto en el acompañamiento en el discernimiento vocacional. Fonfo, como cariñosamente le llaman, nos ofreció una jornada cargada de reflexión y experiencias que nos ayudaron a comprender la vocación no solo como un destino, sino como un camino lleno de preguntas, desafíos y, sobre todo, autenticidad.
En la primera parte de la jornada, nos introdujo en una idea fundamental: la vocación no es algo que simplemente descubrimos en un momento concreto de nuestra vida, sino que ya está presente en nosotros, incluso antes de nacer. Es un regalo que Dios nos da, una llamada que nos acompaña desde el inicio de nuestra existencia. En una sociedad donde a menudo buscamos el bienestar inmediato y la gratificación rápida, se hace más difícil reconocer esa llamada profunda que Dios ha puesto en cada uno de nosotros.
Fonfo nos invitó a realizar un ejercicio de interioridad, a cambiar la pregunta de “¿Qué quiero hacer?” por “¿Quién quiero ser?”. Este cambio de perspectiva supone el primer paso para encontrar una vocación alineada con nuestro verdadero sentido de vida. Sin embargo, también nos recordó que este proceso no es sencillo: no basta con formular las preguntas adecuadas, sino que es necesario profundizar en ellas con honestidad. Para descubrir nuestra vocación, debemos salir de nuestra zona de confort y atrevernos a buscar con valentía aquello a lo que Dios nos llama.
La vocación implica libertad para elegir, pero también para renunciar. Tomar decisiones supone optar por un camino y dejar otros atrás, confiando en que Dios tiene un plan para cada uno de nosotros. Es una invitación a vivir con responsabilidad, compromiso y sentido, entendiendo la vocación como un don que se entrega a los demás.
Uno de los aspectos que más me marcó fue comprender que la vocación no es solo una meta, sino un regalo. Es una llamada a vivir con coherencia, autenticidad y orientación hacia un propósito mayor.
Tras la comida, tuvimos la oportunidad de escuchar tres testimonios profundamente conmovedores. Quiero agradecer sinceramente a las tres personas que compartieron sus experiencias, por permitirnos ver a Dios reflejado en sus vidas.
Sandra nos habló de cómo sitúa a Dios en el centro de su vida y de su matrimonio, viviendo su vocación desde el amor, no exento de dificultades. Su testimonio, lleno de esfuerzo y sentido, me invitó a reflexionar sobre cómo vivo yo mi fe y el compromiso que pongo en seguir a Dios cada día.
Conchita, por su parte, ofreció un testimonio de resiliencia y entrega a la voluntad de Dios. Aunque en un principio no había elegido la vida que hoy tiene, ahora la reconoce como su verdadera vocación. Su presencia constante para sus compañeros y el alumnado es reflejo de una vida guiada hacia el sentido y el propósito.
Por último, Sor Marisa compartió cómo su deseo de estar cerca de las personas más necesitadas la llevó a descubrir su vocación como Hija de la Caridad. Su vida está dedicada a acompañar, cuidar y estar junto a quienes la sociedad a menudo olvida, siendo un ejemplo vivo del amor de Dios hacia los más vulnerables.
Estos testimonios no solo nos inspiraron, sino que nos invitaron a cuestionarnos cómo vivimos nuestra propia vocación y de qué manera podemos servir a los demás con la misma entrega y amor.
Sin duda, este encuentro fue un recordatorio de que descubrir la vocación no es un camino fácil, pero sí profundamente valioso. Cuando nos decidimos a buscarla con sinceridad y a vivir con sentido, comprendemos que merece todo: esfuerzo, sacrificio y compromiso.
Un encuentro que nos anima a seguir escuchando con valentía la llamada que habita en nuestro interior. Porque descubrir la vocación es, en el fondo, aprender a vivir con sentido y en entrega a los demás.
Eva Del Caño Mas