La Frescura de lo Viejo

  • Artesanas de Paz y Armonía
23 | 11 | 2025

“En la Compañía de las Hijas de la Caridad, la función de las Asambleas es evaluar y promover la fidelidad al carisma propio y la vitalidad apostólica” (C. 84, a).

Esta Compañía va de camino. No conoce paradas inútiles a causa del cansancio, la desidia o la simple rendición. Hoy nos convoca a agradecer y también a evaluar por dónde andan nuestros pasos. Es una invitación importante, porque siempre es posible desviar la ruta a causa de matorrales molestos que entorpecen y reducen la velocidad.

Se nos llama artesanas… nombre sugerente y, al mismo tiempo, exigente. Herramientas no nos faltan: las tenemos al alcance desde hace siglos; son fiables y, si las cuidamos, no se desgastan. De aquí brota la esperanza de que “algo nuevo puede brotar” en estos tiempos de Sínodo, de Jubileo y de Asamblea.

Hoy estaba en estas reflexiones y, por suerte, cayó en mis manos un artículo que un grupo de Hijas de la Caridad ha compartido en redes. Lo escribe el Prepósito General de los Carmelitas Descalzos. Lo transcribo aquí porque me desmontó la eterna pereza de pensar que “en momentos de Asambleas siempre se nos pregunta más o menos lo mismo”. Sentí vergüenza personal. Y pensé en la frase que escribió san Agustín en su búsqueda de Dios: “¡Oh hermosura, tan antigua y tan nueva…! ¡Tarde te amé!”.

ALGO ESTÁ BROTANDO

“Hoy es el día más feliz de mi vida”

Miguel Ángel Márquez

Es la frase memorable de un pequeño gran personaje: Leo, mi sobrino. Era un día de este verano que estaba a punto de terminar. Un día de baño en el río, en uno de esos ríos todavía sorprendentemente bañables. Estuvimos jugando en el agua más de una hora, riendo. Acaba de aprender a nadar hace pocas semanas y disfruta con la intensidad de quien vive todo por primera vez. Y, después del agua, un rato en la huerta de Javi, mi cuñado, regando los calabacines y los tomates. Al final del día, Leo sentenció: “Hoy es el día más feliz de mi vida”. Podría sonar exagerado, pero en boca de un niño suena a sentimiento verdadero y notablemente creíble.

¿Qué sangre y condición tienen los niños para vivir cada día como si fuera el primero? ¿No es posible vivir cada momento, en la vida religiosa, aquella “purificación de la memoria” de la que habla san Juan de la Cruz, con la cual ni el pasado ni el futuro impiden acoger el don del momento y a un Dios “Eterno presente”?

Una tentación de nuestra vida religiosa es la rutina, la costumbre, la inercia… la tentación de no atrevernos a soltarnos para dejarnos sorprender, para mantener ojos de estupor y maravilla. Nosotros, que manejamos diariamente tesoros de incalculable precio: la vida, la fraternidad, los sacramentos, una ducha de agua caliente y la mesa asegurada, entre tantas cosas más…

¿Qué fue de la frescura del amor primero, cuando todo era novedad y había mariposas en el estómago con cada pequeño detalle?

Pero el milagro existe y existirá, y nada está perdido. La vida religiosa vuelve constantemente, en mil rincones, a rebrotar de sus cenizas. El fuego de los orígenes no se extinguió y nos sigue regalando un día para amar y, sobre todo, para dejarnos amar. Solo hoy.

Cuando paseaba por el jardín (…) vi a María Jesús (religiosa de 80 años) pelando tomates.
—¿Qué haces? —le pregunté.
—Aquí, pelando tomates, que es la primera vez que lo hago —respondió, poniendo cara de niña feliz.

Me dijeron las monjas que todo lo hacía “por primera vez”. Es cierto que tenía la cabeza algo perdida. ¡Pero qué hermosa su actitud! Aunque hubiera pelado tomates mil veces antes, ese día era la primera vez. ¿Conocéis religiosos y religiosas que viven todo con la frescura de la primera vez? ¿Que afrontan el porvenir con la fe en un Dios que hace nuevas todas las cosas? Yo sí.

Gracias, fray Miguel. Tienes toda la razón. Hemos de soltarnos de la rutina que corroe todo signo de esperanza. Cabe esforzarnos en descubrir las brasas que Dios puso en cada una de nosotras: ¡están vivas! Es bueno “purificar la memoria” de la que hablaba san Juan de la Cruz, gracias a la cual ni el pasado ni el futuro impiden vivir el don del momento, acogiendo a un Dios “Eterno presente”.

La Compañía —nosotras— está en Asamblea. Y esta Asamblea es nueva, es única; ni las pasadas ni las futuras serán obstáculo para vivir la presente. Con la ayuda de María, Madre de la Compañía, seremos capaces de “pelar los tomates por primera vez”.

Rosa Mendoza,  Hija de la Caridad - Equipo de Comunicación -