La Consagración empieza en el Corazón: Un Encuentro para Crecer en Libertad y Amor

Crónica de unos días de madurez y encuentro (12-14 de diciembre de 2025)
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24 | 12 | 2025

Durante los pasados días 12 al 14 de diciembre, el grupo de Hermanas de menos de 10 años de vocación de España nos encontramos nuevamente, esta vez en Aiete, San Sebastián, para mirar hacia dentro y profundizar en el seguimiento de Cristo. Antes de comenzar con la formación, tuvimos una mañana de encuentro entre nosotras recorriendo las calles de San Sebastián; fueron momentos de encuentro, diálogo, de saber qué tal nos iba en nuestras comunidades y servicios.

Después, ya por la tarde, de la mano de Pedro Jesús Arenas, miembro de la familia de los Camilos, nos adentramos en una formación que llevaba por título: “La Consagración empieza en el corazón”. El objetivo no era otro que profundizar en nuestra madurez afectiva, una pieza clave para que nuestra entrega a Dios y a los pobres sea cada vez más plena y verdadera.

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Un viaje de “peregrinas”, no de “vagabundas”

Desde el inicio, se nos invitó a distinguir nuestra actitud en la vida: ¿somos peregrinas que saben de dónde vienen y a dónde van, o vagabundas sin rumbo? A través de una metodología experiencial, donde la teoría servía de mapa, pero el camino se recorría en la práctica, fuimos desgranando las dimensiones que nos conforman como personas.

Uno de los momentos más profundos fue la relectura de nuestra propia historia. Dibujamos el "círculo de nuestra vida", identificando con valentía esas luces y sombras que nos han hecho ser quienes somos hoy. Aprendimos que Dios nos llama con nuestra historia completa, no a pesar de ella, y que cada herida o alegría es un lugar de salvación donde el Padre ha dejado su huella.

Integrar para amar mejor

A lo largo de las jornadas, descubrimos que nuestra afectividad no es un obstáculo, sino un dinamismo vocacional. Aprendimos a distinguir entre las necesidades que nos empujan (como la búsqueda de aprobación o la dependencia) y los valores que nos atraen hacia el estilo de Jesús.

También dedicamos tiempo a reflexionar sobre la importancia de los vínculos sanos y los límites. Descubrimos que poner límites no es falta de caridad, sino una condición de salud que protege nuestra libertad y la verdad de nuestra entrega. Como bien se nos recordó, "el otro no es un objeto para saciar mis necesidades", sino un hermano al que amar en su diferencia.

El corazón, lugar de verdad: identificar para sanar

Uno de los pilares más prácticos de estos días fue el aprendizaje sobre la identificación y gestión de nuestras emociones. A menudo, con el ajetreo diario, no caemos en la cuenta de aquello que nos pasa por dentro, pero la formación nos recordó que lo que no se nombra no se puede sanar ni entregar. Caímos en la cuenta de la importancia del examen de medio día y de la noche como medios para poder hacer esa parada necesaria, de la mano del Espíritu, para ver qué sentimos, ponerle nombre y de esa forma poder gestionarlo de una forma madura.

A veces nuestra vida emocional es como un vaso de zumo lleno de pulpa que se ha agitado; todo está turbio y no se ve el fondo. Solo cuando nos detenemos, cuando dejamos el vaso en reposo frente a Dios, la "pulpa" de nuestras emociones decanta, permitiendo que el líquido se aclare. Solo en ese silencio y en esa aceptación de lo que sentimos, podemos ver con claridad hacia dónde nos pide el Señor caminar, transformando la defensa en apertura y el impulso en una respuesta de amor madura.

El camino ordinario de la santidad

Si algo nos llevamos grabado a fuego de este encuentro, es la convicción de que nuestra vida espiritual y emocional no pueden ir por carriles separados:

“Integrar la vida emocional y espiritual de forma equilibrada y fecunda no es un 'extra' para especialistas, sino el camino ordinario de la santidad: dejar que el Espíritu Santo unifique la persona, de modo que lo que siente, piensa, decide y ora vayan convergiendo en un mismo movimiento de amor y verdad.”

Conclusión: “Aclarar” el jugo de nuestra vida y un “hasta pronto”

Estos días de encuentro, formación y reflexión han sido como dejar reposar un vaso de zumo con mucha pulpa: al quedarnos quietas frente al Señor, todo se ha ido aclarando.

En este clima de serenidad y gratitud, vivimos un momento emotivo al despedir a Sor Aurora, hermana de la Provincia de España Norte, que ha concluido su periodo de formación inicial para pasar ahora a la etapa de formación permanente. Nos despedimos de ella en un ambiente de profunda fraternidad, agradecidas por el camino compartido y deseándole lo mejor en este nuevo tramo de su vida como Hija de la Caridad.

Todas regresamos a nuestras comunidades con herramientas nuevas, pero sobre todo con el deseo renovado de dejar que el Espíritu Santo siga unificando nuestro ser. Porque una Hija de la Caridad que conoce su corazón y que acepta su historia, es una mujer más libre para ser, sencillamente, esa humilde sierva que Dios ha soñado desde toda la eternidad para el servicio de Cristo en la persona de los pobres.

 

Hermanas de la Provincia de España Centro