El derecho de no trabajar en la sombra
En el Día Mundial contra el Trabajo infantil, el CRAE La Caritat defiende a los jóvenes que se les ha arrebatado sus derechos fundamentales, como el derecho a la infancia.
Cuando vemos imágenes de niños trabajando, inmediatamente pensamos en fábricas y minias de países en desarrollo. Es una realidad devastadora que denunciamos. Sin embargo, existe otra forma de explotación laboral e infantil mucho más silenciada, invisible y cercana, que presenciamos en nuestros centros y que no genera titulares, pero que también rompe vidas.
Hablamos de la carga desproporcionada de responsabilidades domésticas y de cuidados. Bajo el mansaje bienintencionado de “ayudar a la familia”, muchos niños y, sobretodo muchas niñas, se ven obligados a asumir el rol de adultos cuidadores.
Hacerse cargo de los hermanos menores, asumir la limpieza total del hogar, gestionar la logística familiar…. Estas tareas sobrepasan por completo su madurez emocional y física. No es ayuda puntual; es una responsabilidad estructural que desplaza sus propias necesidades vitales, provocando:
- Descuido de la escuela: El tiempo que deberían dedicar al seguimiento escolar y a las actividades extraescolares se consume en el mantenimiento del hogar.
- Aislamiento social: socialización muy limitada con sus iguales.
- Brecha de género: Esta realidad golpea con especial dureza a las niñas, perpetuando roles de género.
Proteger la infancia es garantizar la estabilidad del futuro.
Ayudar a la familia no puede ser a costa del futuro del menor. Colaborar en el hogar es educativo; sustituir a las figuras parentales es una forma de desprotección.
Reivindicamos el juego, el estudio y el descanso como derechos innegociables. Porque para que mañana tengamos adultos emocionalmente estables, sanos y libres, hoy debemos garantizarles el derecho a, simplemente, ser niños.
Marta Gussinyer, educadora en CRAE La Caritat (Girona)