EL Arte de Cuidar
II Jornadas Interprovinciales de Evangelización
Durante los días 4 al 6 de febrero, coordinadores y miembros de los diferentes Equipos de Evangelización de las cuatro provincias de las Hijas de la Caridad de España y de los Misioneros Paúles participamos en las II Jornadas de Evangelización Interprovinciales, celebradas en el Colegio La Inmaculada-Marillac de Madrid. Unas Jornadas que han sido el sueño hecho realidad de volver a encontrarnos, con el deseo de dar continuidad a la experiencia y al impulso de las primeras: “Encendiendo estrellas”.
Bajo el lema “El arte de cuidar”, descubrimos que la ternura, la responsabilidad y la esperanza nacen cuando nos cuidamos unos a otros. Evangelizar no es solo anunciar, sino también acompañar, sostener, escuchar y sanar. Encender estrellas es importante, pero aprender a cuidarlas es lo que permite que sigan brillando. El cuidado es un arte en el que hay que “poner el corazón”, y así lo ha demostrado cada una de las personas que han hecho posible estas Jornadas.
Comenzamos con la sentida ausencia de nuestros compañeros de Andalucía, quienes no pudieron desplazarse debido a la alerta meteorológica decretada por la borrasca y a las recomendaciones oficiales de evitar viajes. Aun así, estuvieron muy presentes en cada momento, porque cuidar implica situar a las personas en el centro y garantizar su seguridad, evitando cualquier riesgo.
En un ambiente acogedor, Sor Concepción Monjas (visitadora provincial de España Centro) nos dio la bienvenida, siendo presencia y voz de las palabras de Sor Carmen Machado (visitadora provincial de España Sur): “La escuela vicenciana tiene y tendrá sentido si evangeliza. El cuidado es un acto que trasciende lo físico y se convierte en un verdadero reflejo del amor de Dios en nuestras vidas. Eso es evangelizar: compartir la Buena Nueva a través de gestos sencillos que manifiestan el amor y la compasión de Dios”.
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Estas Jornadas nos han permitido profundizar en la centralidad del cuidado como valor fundamental de nuestra identidad personal, educativa y vicenciana. Gracias a las distintas ponencias comprendimos que el “arte de cuidar” comienza por uno mismo, como recordó Mario Piera: todos necesitamos ser vistos, reconocidos y cuidados para vivir. Somos personas con historia, heridas, anhelos y deseos… por ello, el autocuidado no es egoísmo, sino una condición necesaria para ofrecer un cuidado auténtico desde nuestro “ser vicenciano”.
La aportación de Rosa Ruiz profundizó en la ternura como expresión esencial del cuidado. Cuidar es atreverse a entrar en la profundidad del otro, quedarse cuando sería más fácil marcharse, escuchar cuando no tenemos respuestas, sostener cuando el otro no puede más y respetar tiempos que no son los nuestros. Educar desde la ternura es reconocer la dignidad de cada persona, porque “todo ser humano es objeto de la ternura infinita del Señor” (EG 274).
Desde la dimensión relacional y social del cuidado, Francisco Berbegal, CM, nos ayudó a concretar este arte en la vida cotidiana de nuestras comunidades educativas: con el alumnado, las familias y nuestros compañeros. Finalmente, Guillermo Campuzano, CM, amplió la mirada hacia la dimensión global del cuidado desde el carisma vicenciano, recordándonos que cuidar también implica abrirnos a las realidades de pobreza, exclusión y sufrimiento. El carisma vicenciano nos impulsa a vivir el cuidado como compromiso transformador, uniendo la atención personal con la responsabilidad social y la construcción de una sociedad más justa y solidaria.
En la mesa redonda, diversos proyectos de toda España fueron testimonio de cómo la Familia Vicenciana, siguiendo los pasos de nuestros fundadores, cuida, acompaña y sostiene allí donde la vida es más frágil y vulnerable. Gracias a cada participante, porque fueron reflejo de que el cuidado transforma vidas, siendo fieles a las palabras del Evangelio: “Lo vio, se compadeció y se acercó a él” (Lc 10,33).
Cuidar es también un arte que nos permite orar a través de la música, la escenografía y la danza, como mostró el grupo de Voluntariado Ruah del Colegio La Inmaculada-Marillac. Un arte que, vivido en comunidad, despliega todo su poder transformador, como evidenció el Proyecto TeAtreVes del Colegio San Alfonso, que más allá del escenario convirtió su musical Matilda en una experiencia de cuidado compartido: cuidado de la infancia, del grupo y del proceso creativo, donde el alumnado aprende a expresarse, a trabajar en equipo y a crecer en un espacio de respeto y confianza.
Cuidar es también celebrar. Y así lo hicimos, poniendo nuestras vidas a la luz del Espíritu y siendo enviados como parte de la Familia Vicenciana, con nuestras manos más dispuestas al servicio, nuestros ojos más atentos a la fragilidad y nuestro corazón más lleno de esa “caridad inventiva” que transforma el mundo.
Antes de concluir, compartimos el sentir de quienes pudieron participar y disfrutar de estas Jornadas de Evangelización:
“Las Jornadas han sido una experiencia profundamente transformadora. Nos han permitido descubrir, en todas las dimensiones de la vida, el verdadero significado del Cuidado, vivido y transmitido desde el corazón, con cercanía, sensibilidad y buen humor. Han superado con creces cualquier expectativa y han llegado a lo más profundo.
Cada espacio y tiempo generado —el silencio, el lenguaje musical, la oración, las ponencias y el encuentro compartido— nos ha impulsado evangelizadoramente, interpelándonos personalmente y animándonos a no volver iguales.
Nos llevamos la responsabilidad de seguir contagiando el carisma y transmitiendo lo vivido, fortaleciendo los vínculos con nuestros compañeros y con toda la Familia Vicenciana.
Gracias a todas las personas que lo han hecho posible: al equipo organizador por su exquisita atención; a los ponentes por su sabiduría y entusiasmo; a quienes cuidaron cada detalle, a los jóvenes, a las hermanas de la casa y a todos los participantes. Porque en el cuidado, entramos todos”.
(Sor Amparo Hernández y Mª José Rodríguez. Colegio La Milagrosa de La Orotava-Tenerife).
Tal y como expresaron nuestras queridas consejeras en el acto de clausura: “Sigamos caminando juntos, desde nuestro carisma vicenciano, sabiendo que no estamos solos. Pongamos en manos de Dios los frutos de estas Jornadas y sigamos adelante con esperanza. Gracias por estar, por compartir y por creer. Porque cuidar es amar y cada gesto cuenta”.