Ejercicios en la Casa Madre
París, 31 octubre- 10 noviembre
El año 2025 comenzó con una fecha muy señalada para el grupo de Hermanas que nacimos a la Compañía de las Hijas de la Caridad en los años 1965–1966: cumplimos 60 años de vocación.
Comenzamos a celebrarlo, cada una en su comunidad (algunas ya disfrutando del Señor en el cielo), con profundo agradecimiento a Dios, porque su fidelidad nos sigue manteniendo en el sí de nuestra juventud, y a la Compañía, que nos da el soporte vital para vivirlo día tras día en el servicio a los pobres.

En el encuentro de Hermanas Sirvientes de Castellnovo, Sor Maribel, nuestra Visitadora, nos comunicó la buena noticia de que las Hermanas que entraron en la Compañía en los años 65 y 66 tendríamos los Ejercicios en la Casa Madre, y que posteriormente se irían concretando los detalles de fechas y viajes. Las que estábamos presentes recibimos la noticia como el mejor regalo para celebrarlo.
El 29 de octubre dormimos en Barcelona para continuar el viaje a París al día siguiente. Tomamos un tren de alta velocidad de la empresa INOUI y nos tocó en el coche “ALTO”, es decir, en el segundo piso: una novedad para algunas que nos permitió contemplar el paisaje desde mayor altura.
Sor Laura, nuestra consejera de Formación, organizó el viaje cuidando todos los detalles que facilitaran los desplazamientos: autobús para ir a la estación, la furgoneta de María Reina para llevar las maletas, y ya en París, autobús para trasladarnos a la Casa Madre. Todo estaba pensado para que las 38 Hermanas que formábamos el grupo viajáramos con la mayor comodidad posible.
Llegamos a la Casa Madre, donde nos recibieron Sor Begoña y Sor Puri, las dos guías que, con tanto cariño y alegría, nos acompañaron durante toda la estancia.
En el edificio Betania, plantas 3ª y 4ª, encontramos la habitación preparada con todo detalle y cuidado: una postal de bienvenida, una foto de la Capilla… y muchos pequeños detalles que hablaban del esmero puesto en acogernos.
Celebramos las Vísperas con la Comunidad de la Casa Madre y luego fuimos a cenar. En el comedor nos adelantaron que el día 31 tendríamos ruta vicenciana en autobús.
Amanecimos bien temprano: a las 7:00, Eucaristía con las Hermanas de la Casa Madre; seguidamente, el desayuno y después al autobús.
Visitamos en primer lugar la zona de San Lázaro, tan significativa en los comienzos de las dos Compañías: la Congregación de la Misión (Lazaristas) y las Hijas de la Caridad. Al estar en el mismo entorno las dos casas fundacionales, la comunicación entre Vicente y Luisa se facilitaba por la proximidad. No eran tiempos de móviles, pero sí de notitas escritas que iban de una casa a la otra.
Seguidamente fuimos a la parroquia de San Lorenzo, lugar donde Santa Luisa recibió la Luz de Pentecostés, que iluminó su espíritu y le fue revelando el camino hacia el nacimiento de la Compañía. Esta iglesia ha sido recientemente reformada: han cambiado la cruz con el “Spes Unica” y hay dos inscripciones en mármol que recuerdan que los restos de Santa Luisa estuvieron allí enterrados temporalmente.
Por la tarde nos dirigimos a la parroquia de Clichy, tan sugerente para nosotras por el tiempo feliz que pasó allí San Vicente como párroco. Su carisma de servicio a los pobres perdura, no solo allí, sino en el mundo entero.
Parecía que San Vicente nos estaba esperando en el balcón de la casa parroquial, en la pintura reciente que se encuentra en la fachada, en la plaza de la iglesia.
Un feligrés nos mostró con gran entusiasmo la iglesia en la que San Vicente ejerció como párroco y la comunidad actual, donde su carisma sigue vivo con nuevas formas de atención a los necesitados y un gran deseo de seguir sus pasos.
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El día 1 de noviembre, solemnidad de Todos los Santos, comenzaron los Ejercicios Espirituales. Los dirige el Padre José Antonio González, C.M., Director General de la Compañía de las Hijas de la Caridad y residente en París.
Las conferencias serían en la sala de las Asambleas, y la capilla de los Ejercicios, la de San José.
En su primera conferencia, “Dejarse encontrar por el Espíritu”, nos situó en actitud de búsqueda, apertura y colaboración.
Dejarse encontrar por el Espíritu permite contemplar el horizonte sin los obstáculos que traen nuestros miedos; permite intuir respuestas que aún no habíamos encontrado o, al menos, aprender a dejar en Dios las conclusiones que todavía no vemos. Y todo ello teniendo como referencia “La Luz de Pentecostés”.
Es en el silencio orante donde el Espíritu aclara e ilumina a Santa Luisa las decisiones a tomar, decisiones que se irán precisando en el tiempo y que darán lugar al nacimiento de la Compañía.
Nos invita al silencio interior, a la escucha del Espíritu y a la oración durante estos días.
Por la tarde tuvimos las Vísperas y la Eucaristía en San Lázaro, Casa Madre de la C.M. Una celebración a la vez solemne y sencilla, solo para nuestro grupo de Ejercicios. Allí, a los pies de San Vicente, depositamos nuestros deseos de fidelidad renovada, para que nos ayude a vivir el carisma vicenciano en la realidad actual.
El día 2 comenzamos propiamente el itinerario de los Ejercicios, situándonos siempre “a la orilla” junto a Jesús, como lugar de búsqueda de nuevos horizontes: siempre con los discípulos, con la comunidad, para la misión, impulsadas por la mesa de su Pan y de su Palabra.
También a la orilla se contempla la misericordia del Maestro hacia quien le busca (Bartimeo), y la fragilidad de sus seguidores de entonces (los apóstoles luchando por los primeros puestos) y de ahora en la Iglesia (abusos sexuales, de poder y otros). Esta fragilidad nos hace solidarios y nos lleva a acogernos a su misericordia y a unirnos más a Cristo, porque “Todo lo puedo en Aquel que me conforta”, dirá San Pablo.
Y así, día tras día, fue desarrollando de una forma magistral y sencilla el itinerario, cuidadosamente preparado y bellamente presentado para estos Ejercicios. Siempre como guía la Palabra de Dios, los escritos de los Fundadores, las Constituciones, las orientaciones del Papa Francisco y de León XIII, citando también a otros autores cuando venía al caso para iluminar la situación tratada.
Completaba la exposición con la entrega de un breve resumen de ideas y preguntas para facilitar la profundización y la confrontación personal ante Dios y ante sí misma.
Cerró el itinerario con el tema “En la orilla con María”.
Y es que María, en la orilla de su pequeñez, acepta el mensaje del Ángel; siempre a la orilla del misterio, de la incomprensión, de la cruz. Para San Vicente y Santa Luisa, María es lugar teológico de entrega al plan de Dios: cómo respondió María a la Trinidad en la Encarnación.
María, modelo de sierva, ejemplo de humildad, virgen orante… y, podemos decir con cariño, confianza y seguridad, Madre de la Compañía.
Y es aquí, en esta Casa, donde se percibe y se palpa en todo momento la presencia y la protección amorosa de María sobre la Compañía, sobre los pequeños y necesitados que llegan a implorar su ayuda desde todos los lugares de la tierra. Oh María sin pecado concebida, rogad por nosotros que recurrimos a vos.
El domingo día 9 tuvimos los Laudes y la Eucaristía en la Catedral de Notre Dame. Muy temprano salimos de casa para situarnos en primera fila ante el altar mayor y poder participar de lleno en la celebración.
Tuvimos tiempo para admirar la maravillosa restauración de la Catedral, cuyo interior resplandece con una luz límpida tamizada por el colorido de las vidrieras recién restauradas.
A las 10:00 h, tras la solemne procesión de entrada —con incienso incluido—, comenzamos los salmos, todo cantado, y seguidamente la misa de “Ángelis” en latín, celebrada con gran solemnidad. La música del órgano llenaba el templo.
Podéis imaginar la alegría interior que sentimos después de tener grabada en la mente la imagen de la Catedral en llamas. Todo en nosotras era un himno de alabanza y acción de gracias a Dios.
Terminada la Eucaristía, recorrimos las dos naves laterales para contemplar el templo y luego salimos para dejar paso a quienes entraban para la siguiente celebración o para la visita.
A la salida, la fachada restaurada nos invitó a una sesión de fotos en grupo, que compartimos con todas.
Mil gracias a todos los que habéis hecho posible esta enriquecedora y feliz vivencia de nuestro espíritu desde estos lugares, donde el corazón y la vida de nuestros Fundadores se transforman en una fuerte llamada a la fidelidad para cada una de nosotras.
Una acción de gracias que se convierte en oración ante el altar, para que el Espíritu de los Fundadores inspire siempre nuestro caminar.
Una Hermana del grupo