Día internacional del Migrante
Ser Migrante
Migrar no fue una aventura para mí.
Fue una decisión tomada cuando quedarse ya no era posible.
Llegué a Barcelona sin saber dónde dormir,
sin saber cuánto tiempo podría resistir,
pero con la certeza de que quería seguir viviendo con dignidad.
Durante meses, dormí en la calle.
Aprendí a escuchar la ciudad de noche,
a proteger mis pocas pertenencias,
a medir el hambre,
a esconder el miedo para que no se notara.
Migrar no es solo cambiar de país.
Es aprender a existir sin testigos.
Es sonreír cuando te preguntan “¿todo bien?”
y responder que sí,
porque no sabes cómo explicar todo lo demás.
En ese camino, encontré personas y lugares
que no me preguntaron de dónde venía,
sino cómo estaba.
Lugares donde un café caliente,
una palabra sencilla
o una mirada sin juicio
significaron mucho más de lo que parece.
Hoy sigo siendo migrante.
No porque no pertenezca,
sino porque he aprendido a construir pertenencia paso a paso.
Trabajo, aprendo, amo,
y sigo adelante con lo que soy.
Ser migrante no me define por la pérdida,
sino por la capacidad de empezar de nuevo.
Por la fuerza silenciosa de quien no se rinde,
aunque esté cansado.
Este texto no es para dar lástima,
sino para recordar algo simple:
detrás de cada persona migrante
hay una historia,
una vida completa,
y un corazón que merece ser visto.
Farzad Afshar.