TESTIMONIO

De El Yadida a Figueres: la vida que Amine soñó

Cruzó a nado desde el puerto de Beni Ensar (Marruecos) a Melilla en 2022
  • Comunidad itinerante_HHCaridad
10 | 08 | 2026

Si alguien entra hoy en el perfil de Instagram de Amine amine_bhkaoy, descubrirá a un joven de 24 años que comparte sus dibujos y pinturas, sus entrenamientos de calistenia, momentos con amigos y algunos fragmentos de una vida bastante parecida a la de miles de jóvenes de su edad. Vive en Figueres, trabaja, cotiza y paga impuestos, conduce su propio coche, pinta como medio de expresión y sueña con seguir formándose para poder seguir aprendiendo y mejorando laboralmente.

Lo que difícilmente imaginaríamos es que hace apenas unos años este mismo joven se jugaba la vida en el mar.

Amine Afdailat nació en El Yadida (Marruecos) al sur de Casablanca. Creció en una familia humilde. Su madre emigró primero a España. Su padre seguía en Marruecos con sus hermanos menores. Él observaba cómo pasaban los años mientras sus posibilidades de construir un futuro parecían cada vez más limitadas. 

Amine: “Cuando vi que no podía hacer nada en mi país, aunque trabajara, porque cobraba muy poco, pensé que tenía que intentarlo. Quería mejorar mi vida y ayudar a mi familia”. 


Cuando vi que no podía hacer nada en mi país, aunque trabajara, porque cobraba muy poco, pensé que tenía que intentarlo


No fue una decisión impulsiva.
Antes de conseguirlo había viajado hasta Nador en varias ocasiones. Lo intentó una y otra vez. Incluso trató de cruzar escondido bajo camiones. Hasta siete veces buscó una oportunidad. 

La definitiva llegó en abril de 2022.
Ramadán. Horas sin comer ni beber. Un día entero escondido en el puerto de Beni Ensar esperando el momento adecuado. Cuando cayó la noche, se lanzó al agua. 

Amine: “Esta vez entré encima de un camión. Tuve suerte, no me vieron. Eran las 7,00, y estuve escondido allí, en el puerto, hasta las 20,00. Era ramadán, así que estaba sin comer ni beber. Entre la 1 y las 2, me lancé al agua. Sabía que era peligroso. Pero en ese momento no pensaba si iba a morir o si me iba a pasar algo. Solo pensaba en llegar a España”.


(...) en ese momento no pensaba en si iba a morir o si me iba a pasar algo. Sólo pensaba en llegar a España


Llegó a Melilla nadando.
Empapado. Sin ropa de recambio. Sin prácticamente nada. Entonces ocurrió algo que aún recuerda con emoción. No dejaba de correr de un lado a otro, buscando algún resguardo, cuando una pareja se detuvo al verlo. Le ofrecieron comida, bebida, ropa y lo llevaron a su casa para que pudiera descansar. Todavía mantiene contacto con ellos. 

Amine: “Entre a Melilla por la playa. Me pareció ver a un vigilante mirándome... pero se quedó en silencio, sin decir nada. ¿Sabes? Ese momento fue... Vi que no me decía nada, y continué. Ya en Melilla, no sabía donde ir ni donde meterme, comencé a correr, sin parar, de un lado a otro, por la calle, hasta que una pareja que iba en un coche, me vio. Pararon, y me dijeron: <<Así vas a llamar más la atención>>. Hablaban rifeño (tarifit, una lengua bereber, variante lingüística árabe, como el dariya en Ceuta). Estaba empapado, y el hombre fue y me trajo ropa. Me dieron agua y algo de comer, y me ofrecieron ir a su casa, para descansar. Aún hoy tengo relación con ellos. Forman parte de mi lista de personas buenas, personas importantes que me han ayudado a lo largo de mi vida".


"Forman parte de mi lista de personas buenas, personas importantes que me han ayudado a lo largo de mi vida"


Porque la historia de Amine habla de migración, pero también habla de humanidad.
Después llegaron los centros de acogida, los trámites, las pruebas para determinar su edad, las esperas, los papeles, los viajes entre ciudades y la incertidumbre permanente que acompaña a miles de jóvenes migrantes. 

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Amine: "Al día siguiente, me acerqué a la playa. No sabía qué hacer ni dónde ir. Me quedé allí sentado, horas, hasta que pasaron dos chicos, a uno de los cuales lo conocía, era de mi pueblo. Me comentaron que estaban en un centro de menores, y me invitaron a ir con ellos. Entonces tenía 19 años, pero ellos mismos me recomendaron que dijera que era menor. Y, como pasaba por ser más pequeño, entré en el centro. Luego me hicieron pruebas, y las pruebas decían que era menor, así que pasé por menor, y he estado en varios centros de menores, en Melilla, Málaga, Castellón, Olot... Estando en el centro comencé a trabajar, con un hombre marroquí, que vivía allí en Melilla. Un día, al volver al centro después de trabajar, me encontré en la puerta... ¡A mi hermano mayor! Había entrado unos días después que yo, una vez terminado el Ramadán. Al ser mayor no podía estar en el centro de menores. Él terminó en Madrid, donde vive y trabaja ahora. Tiempo después yo también pude estar en Madrid, y ver a mi madre, que también vive allí".

Y llegaron también personas que marcarían su camino.
Entre ellas, Sor Marisa, Hija de la Caridad, quien forma parte de la comunidad itinerante que entonces estaba en Melilla, y solían tener presencia también en Nador. 

Amine:  “La Marisa siempre me preguntaba cómo estaba. Hubo un día que le dije que sentía que estaba hablando con mi madre. Ella me respondió que yo era como un hijo para ella. Siempre estuvieron ahí, para ayudarme en lo que necesitase, en esta gestión, este papel. Es muy buena persona, te lo juro, muy amable. También la Clara, y la Marta”. 


"¿Las Hijas de la Caridad? Siempre estuvieron ahí, para ayudarme en lo que necesitase"


La relación continúa hoy. Cuando tuvo problemas con la documentación. Cuando necesitó ayuda para obtener un pasaporte. Cuando surgían dudas. Allí seguían esas personas que decidieron acompañarlo. Amine y Sor Marisa se han vuelto a ver al menos otras dos veces. Una de ellas, en una visita de Amine a Valencia. Otra, el año pasado, en 2025, en una de las dos veces en las que Amine ha viajado a Marruecos, a visitar a su familia. Se encontró con Sor Marisa en Marraquech.

Con el tiempo llegaron algunos de los logros que para muchos pasan desapercibidos. La tarjeta de residencia. Un trabajo. La posibilidad de alquilar una vivienda. La posibilidad de volver a Marruecos para abrazar de nuevo a su familia. La posibilidad de conducir su propio coche.
La posibilidad, sencillamente, de vivir con normalidad. 

Amine: "El tema de la documentación es complicado, un camino lleno de obstáculos. Solicité asilo, el manifiesto, luego una entrevista, luego el permiso para poder viajar a la Península. Que me denegaran la solicitud de asilo. El tener que arreglar el pasaporte, porque en pasaporte me ponía que había nacido en 2002 y la tarjeta que había nacido en 2005. Perder mi mochila con el carné de conducir y aprovechar un viaje a Marruecos el año pasado, para sacar un duplicado... Cuando eres una persona inmigrante, cualquier gestión de papeles y documentación... es un triunfo". 

Hoy trabaja en logística. Pero sigue teniendo planes.
Quiere estudiar electricidad o energía solar. Quiere seguir creciendo profesionalmente. Quiere ayudar a sus hermanos pequeños. Quiere que algún día tengan más oportunidades que las que él tuvo. 

Amine: "Ahora tengo un trabajo que me permite tener estabilidad económica. Pero es verdad que es un trabajo en el que no tengo posibilidad de avanzar, y emocionalmente me agota. Quiero seguir aprendiendo, y para ello necesito formación, y poder mejorar laboralmente"

Y cuando no trabaja, pinta. Una pasión que descubrió plenamente en un centro de acogida para menores en Olot, donde una educadora vio sus dibujos y decidió proporcionarle materiales para desarrollarlos. Hoy comparte muchas de esas obras en redes sociales. 

Amine: "Empecé a dibujar en los centros. En Castellón y en Olot (Girona). Porque es verdad que yo antes, en Marruecos, dibujaba, pero sólo en hojas y libretas, ¿Sabes? Con boli o un lápiz. Un día, había una pizarra, y dibujé una cosa. La directora entró, miró el dibujo, me miró, y me me preguntó si era yo quien había dibujado eso. Yo le dije que sí y me y me dijo que dibujaba bien, que si yo quería además de dibujar, pintar, me podría comprar pinturas y lienzos, y probar. Confió en mí. Otra gran personas que le gustaba que los chicos hiciéramos actividades, y potenciaba aquello que nos gustaba

También practica calistenia.

"Yo jugaba a fútbol, estuve en varios equipos, y cuando empecé a trabajar en esta multinacional, al estar a turnos, cuando trabajo de tarde o de noche no puedo entrenar. Y la norma es que si no entrenas, no juegas, y lo tuve que dejar". Una renuncia que le permitió descubrir otra de sus pasiones: la calistenia. "A mí me encanta hacer deporte y un amigo me descubrió la calistenia. Me enganchó. Se puede practicar en cualquier sitio, en los parques. Me encanta, me permite hacer ejercicio, ganar fuerza, conocer gente", explica Amine entusiasmado.

"Deporte, deporte, deporte", repite cuando habla de los consejos que daría a otros jóvenes. Quizá por eso su historia resulta tan difícil de encajar en algunos discursos simplistas sobre la migración. A veces todavía tiene que escuchar palabras que duelen: "paterista", "moro de mierda", "vuelve a tu país." No las menciona con rabia. Más bien con una mezcla de tristeza e incomprensión. Porque detrás de esos insultos percibe algo más profundo: el desconocimiento de las historias que hay detrás de muchas personas migrantes. 

Amine: "Hay algunas personas que te insultan y te dicen: 'moro de mierda', 'moro patera'... Pero no saben lo que te ha pasado ni lo que has sufrido. No saben lo que ha vivido la gente para llegar hasta aquí". 


"Hay personas que te insultan, te dicen 'moro patera'... pero no saben lo que has pasado ni lo que has sufrido hasta llegar aquí"


Sobre la inmigración en España

Cuando se le pregunta por quienes afirman que los migrantes vienen a delinquir o a quitar puestos de trabajo, responde con serenidad:

Amine: “Sabemos que hay personas que hacen cosas malas, igual que en cualquier sitio. Pero no todos. Nos meten a todos en el mismo saco. Yo no puedo decir que todos los españoles son malos porque uno haya hecho algo malo”. 

Y añade una reflexión más profunda: “Si yo hubiera tenido una buena vida en Marruecos, un buen trabajo y un sueldo suficiente, ¿para qué iba a venir a España? Me habría quedado con mi familia”. 

Aplica la misma lógica cuando escucha otro de los argumentos más repetidos: 

Amine: "También dicen que los inmigrantes quitamos el trabajo a los españoles. ¿En qué quedamos? La mayoría de los trabajos a los que accedemos cuando llegamos son precisamente los que muchos ya no quieren hacer porque son muy duros." 

Y pone ejemplos concretos, citando el campo, y cada vez más, la construcción, “los trabajos más físicos, las tareas menos visibles”. "Lo que veo son inmigrantes trabajando muchas horas bajo el sol para que luego todos encontremos fruta y verduras en el supermercado."


"Lo que veo son inmigrantes trabajando muchas horas bajo el sol para que luego todos encontremos fruta y verduras en el supermercado"


Sobre la crisis migratoria y el drama humanitario en Ceuta

Mientras las imágenes de Ceuta muestran estos días a miles de personas intentando alcanzar territorio español, la historia de Amine recuerda algo que a menudo desaparece en medio del ruido político. Que detrás de cada cifra hay una persona. Que detrás de cada joven que se lanza al mar hay una historia distinta. Y que algunos de esos jóvenes acabarán convirtiéndose en vecinos, trabajadores, artistas, deportistas o referentes para otros jóvenes. 

Amine es un joven comprometido, y a través de sus redes sociales apoya dando difusión a la caravana que se ha organizado para enviar desde Figueres a Ceuta utensilios útiles para las personas atrapadas en la incertidumbre, sin poder volver, sin poder avanzar. Y desde esas mismas redes, lanza un mensaje a los jóvenes llegados a Ceuta, en árabe, que él mismo se encarga de traducir para que el mensaje también cale en los jóvenes españoles: “Para quienes no entiendan árabe, les explicaré lo que dije en el video. Les di un consejo a los jóvenes que llegaron a Ceuta: cuando lleguen a España, eviten meterse en problemas y cometer acciones que perjudiquen a los demás. En lugar de eso, trabajen por su futuro, busquen un empleo y esfuércense por ayudar a sus familias. Hay algunos marroquíes que roban y cometen delitos, y eso perjudica la imagen de quienes no hacen nada malo. Muchos españoles dicen que todos los marroquíes roban y delinquen, pero eso no es cierto. Hay muchísimos marroquíes en España que trabajan duro para construir un futuro mejor para ellos y para sus familias”. 


"Para quienes no entiendan árabe, os traduzco lo que dije en el vídeo a los jóvenes que llegaron a Ceuta: eviten meterse en problemas. Trabajen por su futuro, busquen un empleo y esfuércense por ayudar a su familia"


Amine no llegó a España para delinquir. No llegó para mendigar. Llegó para buscar una oportunidad. Y, después de cruzar un mar, años de incertidumbre y una carrera de obstáculos administrativos, hoy puede decir que ese futuro con el que un día soñó, lo está construyendo. Tiene un proyecto de vida. 


Amine Afdailat - Sergio Méndez
Historias de vida – Hijas de la Caridad Prov. España Este