Las Hijas de la Caridad España Este alzan la voz ante el drama humanitario vivido en Ceuta
Cuando los pobres se convierten en frontera
"Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor" (Mt 9, 36)
“No endurezcáis el corazón.” (Sal 95)
Las Hijas de la Caridad no podemos guardar silencio.
No cuando el mar vuelve a convertirse en sepultura.
No cuando las fronteras se llenan de miedo.
No cuando los pobres son tratados como un problema antes que como personas.
No cuando la vida humana corre el riesgo de quedar subordinada a intereses que nunca podrán justificar una sola muerte.
Lo que estamos contemplando estos días en Ceuta no puede reducirse a un episodio más de la actualidad. Es un espejo en el que se refleja nuestra humanidad. Y la pregunta ya no es solamente qué está ocurriendo en una frontera; la pregunta es qué está ocurriendo en nuestro corazón.
Cada hombre, cada mujer y cada niño que llama a nuestras puertas tiene un nombre, una historia y una dignidad que nadie le ha concedido y que nadie puede arrebatarle. Antes de ser migrantes son personas. Antes de ser extranjeros son hermanos. Antes de pertenecer a un país pertenecen a Dios.
Nos preocupa profundamente que el sufrimiento de miles de personas pueda llegar a convertirse en instrumento de confrontación, presión o estrategia política. Cuando los pobres dejan de ser el centro para convertirse en un medio, todos perdemos humanidad.
La seguridad es un deber de los Estados. La gestión ordenada de las fronteras es una responsabilidad legítima. Pero ninguna decisión política puede olvidar que la dignidad humana no conoce fronteras. Ningún cálculo de oportunidad puede situarse por encima del valor sagrado de una vida.
San Vicente de Paúl nos enseñó que los pobres son nuestros amos y señores. No porque sean más importantes que otros, sino porque en ellos Cristo nos espera con una autoridad que nadie puede ignorar. Allí donde un ser humano es descartado, utilizado o despojado de su dignidad, allí vuelve a resonar el Evangelio con toda su fuerza.
No necesitamos más discursos que alimenten el miedo. Necesitamos más conciencia.
No necesitamos acostumbrarnos a contemplar cuerpos sin vida, familias rotas o miradas desesperadas.
Necesitamos recuperar la capacidad de llorar con quienes lloran.
Sigue la noticia en la web: hhccespanasur.org
https://hhccespanasur.org/cuando-los-pobres-se-convierten-en-frontera/