Crónicas de una Valenciana en Colombia (I)

  • oí la voz del Señor
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  • oí la voz del Señor
12 | 09 | 2025

Y oí la voz del Señor que decía:

«¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?» Y respondí: «Aquí me tienes, mándame a mí.» (Is 6,8)

“Cualquier lugar es tu casa si lo que buscas es a Dios”

Un nuevo comienzo en Colombia:

Desde el pasado 10 de julio fui destinada a la provincia de Cali, en Colombia. Durante el primer mes permanecí en la Casa Provincial, donde aproveché para arreglar documentación y prepararme para la misión, haciendo Ejercicios Espirituales. En esos días tuve la oportunidad de colaborar en la enfermería y acompañar a algunas hermanas en el hospital.

Ese tiempo me ayudó a conocer mejor la cultura y la espiritualidad de este país y a las hermanas de la provincia, con quienes compartiré estos próximos dos años, generando lazos que nos unen para la misión. Los Ejercicios Espirituales me llevaron a profundizar en lo fundamental de nuestra vocación:

¿Quién me ha llamado? ¿Quién es el centro de mi vocación? Descubrí que el carisma y el espíritu son los mismos en todas nosotras: estemos donde estemos, somos un solo corazón. La llamada de Dios a todas las Hijas de la Caridad no cambia: “servir a Cristo en la persona de los pobres”.

En ese proceso fui consciente de todo lo que dejaba atrás: mi comunidad de la Barceloneta, donde me he sentido muy querida y donde he podido querer sin límites a mis hermanas, a mis compañeros de servicio y a tantas personas acompañadas que, para mí, se convirtieron en verdaderos amigos. Eché de menos esa comunidad, pero también descubrí algo muy profundo: cualquier lugar puede ser nuestra casa si en él buscamos a Dios.

Tras los Ejercicios, fui enviada a mi nueva misión: Vitoncó, un resguardo indígena en la tierra del Cauca, al que llaman “Tierra adentro”. Allí me recibió con gran alegría la comunidad de Hijas de la Caridad, que incluso hizo algunas adaptaciones en la casa para acogerme mejor (¡sobre todo porque soy bastante alta, lo cual dio pie a muchas sonrisas!).

En este lugar convivimos y compartimos vida con la comunidad indígena Nasa, que nos acoge también con ilusión. Nuestra misión fundamental es anunciar el Reino con la simple presencia y con los distintos proyectos que se llevan a cabo. Entre ellos, destaco “Semillas de arte”, donde los niños participan en talleres de música y manualidades después de la escuela. Muchos pasan largas horas solos porque sus padres trabajan en las plantaciones, y este espacio les ayuda a ocupar el tiempo de manera creativa, aprendiendo y desarrollando sus talentos. Como decimos aquí: “un niño que toca un instrumento nunca empuñará un arma”. En este ámbito espero poder aportar mi granito de arena con algo de teatro, si los niños se animan.

También se trabaja la Catequesis del Buen Pastor, así como la formación pastoral de líderes y catequistas de las comunidades. La Eucaristía se celebra tanto en las veredas como en las casas de las familias, porque los recorridos son largos y no todos pueden acudir al templo parroquial. Allí donde vamos, la generosidad es enorme: siempre se comparte un refrigerio, como signo de fraternidad.

Otro ámbito importante es el pequeño dispensario de salud, donde se complementa la medicina natural con la occidental. Si bien hay auxiliares que atienden en la zona, los recursos son limitados, y las hermanas aportan lo que está a su alcance.

Este lugar es precioso: lleno de naturaleza, con casas sencillas y cultivos respetuosos con el entorno. Para mí, esta experiencia es un regalo de la Compañía y de la Provincia. Es una oportunidad para salir de mi zona de confort y hacer la voluntad de Dios, despojarme de lo superfluo y entregarme con libertad.

No niego que haya dificultades: choques culturales, diferencias en las formas… pero me siento abierta a lo que el Señor me muestre, a aprender, crecer y compartir con la comunidad y con la cultura indígena.

“Aunque me sienta lejos, estoy en casa”

M del Mar Sanchis HC