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Con el corazón en Kabul o el dolor de dejar atrás a dos hijas

  • Kabul
08 | 09 | 2021

Bahor, una refugiada afgana que llegó a España en agosto, pide ayuda a las autoridades para recuperar a su familia amenazada por los talibanes.

En la vanguardia del domingo 5 de septiembre salió está noticia. La publicamos en la web pues el proyecto "Châtillón" acoge su dura realidad y situación familiar y personal. Proyecto que llevamos a cabo desde nuestra provincia, intentando responde a los dramas humanitarios que se van sucediendo... 

No sabía si preocuparme por mi, por la gente que estaba sufriendo, recibiendo amenazas o incluso disparos, o por mis niñas y mi marido, de los que nos estábamos alejando contra nuestra voluntad por la presión de la gente, mientras gritaban mamá, mamá...” Así describe, llorosa y descompuesta, Bahor, una de los 2.206 refugiados afganos que han llegado a España huyendo de los talibanes durante el mes de agosto, los instantes en los que tuvo que tomar la decisión más dolorosa de su vida: avanzar hacia un futuro incierto dejando atrás a los que más amaba, sus pequeñas de 4 y 6 años, y su esposo, Nesar, con la esperanza de poderse reagrupar en Barcelona, o perder la oportunidad de huir de un país donde su vida ya no era segura.

Bahor consiguió un permiso especial del Ministerio de Exteriores español para ser evacuada como hermana de Farid, un residente español que llegó a Barcelona en el 2005 y que en el 2020 volvió a su país desde la capital catalana a cuidar de sus padres que se habían contagiado de la covid y al que el vuelco político le pilló en el país centroasiático.

Mi marido está en peligro y mis dos niñas están allí y no puede ser que estemos tanto tiempo separados”

BahorRefugiada afgana

Lo que cuenta Bahor es el momento en que se separó de su marido y las pequeñas en el exterior del aeropuerto de Kabul el pasado 17 de agosto tomado por una marea desesperada que quería acceder al aeródromo al precio que fuera. Les iba la vida. “Nosotros queríamos avanzar y queríamos que ellos -Nesar y las pequeñas- avanzaran también pero cada vez estaban más lejos y tuvimos que abandonarles. Si retrocedíamos después no podríamos avanzar, si las niñas seguían avanzando había peligro de que fueran pisoteadas; fue muy duro”, relata Bahor en dari, la variante persa del país que hablan, entre otros, los tayikos de Afganistán, traducida por su hermano Farid. “Mi marido está en peligro y mis dos hijas están allí y no puede ser que estemos tanto tiempo separados”, lamenta ella tras admitir que pese a sentirse bien tratada en España, no se encuentra bien. “Estoy aquí pero mis pensamientos están allí. Siento mucha presión”, dice.

Farid, por su parte, relata en perfecto español -también se expresa en un buen catalán- la situación de esta familia desgarrada que gozaba de un buen nivel de vida en una aldea en las afueras de la capital. Nesar trabajaba en un hospital como técnico de laboratorio y tenía un laboratorio propio. Además, había colaborado con Médicos Sin Fronteras y con un programa de vacunación de Naciones Unidas. Estas colaboraciones le valieron el odio de los talibanes, que ya antes de tomar el poder campaban a sus anchas por el país, según explica Farid, para quien “Estados Unidos siempre ha protegido a los terroristas porque nunca ha querido un Afganistán libre, democrático y de progreso”. Nesar recibió amenazas pero él las subestimó, hasta que recibió una paliza que habría sido mortal si no hubiera sido por los vecinos que, alertados por sus gritos, intervinieron y pudo escapar. Compañeros suyos del programa de la ONU no tuvieron la misma suerte y fueron asesinados.

Para Farid, EE.UU. protege a los terroristas porque nunca ha querido un Afganistán libre y democrático

Cuando cayó el régimen a mediados de agosto, Farid se refugió en casa de un amigo cerca del aeropuerto aconsejado por la embajada española para poder llegar rápido cuando aterrizara el avión del ejército para evacuarles. Logró un permiso para su hermana, pero no para su cuñado ni sus sobrinas. 

Aprovechando la confusión de esos días, dos talibanes se presentaron en el laboratorio de Nesar para matarlo, pero pudo escapar de nuevo, fue a recoger a las niñas en su casa y se dirigió a donde estaban su esposa y su cuñado. “Se desmayó cuando llegó mientras las niñas lloraban y gritaban que iban a matar a su padre”, relata Farid. “Cuando se recuperó me explicó lo sucedido y me pidió que intentara hablar con la embajada para poder viajar toda la familia porque no sabía si seguirían vivos cuando su mujer obtuviera el estatus de refugiada”, cuenta Farid, quien lo intentó sin éxito. 
 
Sin embargo, decidieron ir los cinco al aeropuerto para ver si había suerte. En el trayecto “pasamos mucho miedo, los talibanes ya ocupaban las calles, había tiros”, recuerda Farid. “Cuando llegamos a la puerta norte había como 5.000 personas, una barrera muy difícil de franquear. Estábamos en contacto con la embajada que ya estaba en el aeródromo para que salieran a buscarnos o que hicieran un pasadizo seguro.

Soldados norteamericanos y talibanes vigilaban la puerta juntos.

Disparaban, hubo muertos, la gente estaba desesperada, tenían pasaporte europeo y temían por su vida tanto si se quedaban atrás como si avanzaban”, explica.

“Intentamos avanzar, mi hermana fue aplastada y la ayudé a levantarse, yo caí una vez, en la puerta los soldados norteamericanos nos daban empujones y culatazos con sus armas, nos apuntaban y nos decían que nos fuéramos y nos insultaron. Ante esta situación no pudimos tratar de hacer avanzar a las niñas y al marido porque muy probablemente ellas hubieran muerto aplastadas”, prosigue Farid, quien añade que para poder entrar en el aeropuerto tuvieron que forcejear con los soldados “subestimando todas las amenazas que sufríamos”, un forcejeo que duró una media hora. “Había un soldado de color muy fuerte”, rememora. “Tras discutir mucho con él pude con el brazo hacer un hueco y hacer pasar a mi hermana y luego pasé yo y recibí otro culatazo en la espalda”.

Una vez dentro, todo cambió, según su relato, lleno de resentimiento contra las tropas estadounidenses. “Un oficial alemán que llevaba una lista nos identificó, llamó a la embajada y los soldados pasaron a recogernos y el trato cambió de golpe”. Farid actuó de intérprete entre los oficiales españoles y los refugiados afganos, de lo que se siente especialmente feliz. “Nos sentimos muy apoyados y muy bien recibidos”, señala y recuerda el momento en que fueron recibidos por el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, ya en la base aérea de Torrejón en Madrid. Su hermana se emocionó cuando le explicó que les recibía un ministro. “Dile que ayude a mi marido para que no le maten y a mis dos niñas”, le pidió Bahor, quien ahora se halla tutelada por un proyecto del Ministerio de Inmigración de 18 meses hasta que gane autonomía y pueda valerse por si misma, en particular por la lengua. 
Mientras tanto, los dos hermanos empiezan a tramitar la residencia de ella y la reagrupación familiar. “Necesitamos la ayuda de las autoridades españoles para que Nesar pueda llegar a Pakistán con las niñas, y la embajada en Islamabad les pueda dar un visado para reencontrarse de nuevo en Barcelona“, imploran ambos.

Fuente:  "La Vanguardia: "Política" Domingo 5 de septiembre de 2021 (Josep Mª Calvet)