Carta de despedida: hasta pronto

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06 | 05 | 2026

Hasta pronto, sí. Da igual que sea en dos años o en la eternidad, porque pronto volveremos a vernos. «Mil años son a tus ojos como el día de ayer que pasó».

Muchas me dicen que me equivoco al volver. Puede que tengan razón. Lo cierto es que intento hacer la voluntad de Dios, dejarme llevar por Él.

Le doy gracias por todo lo vivido; todo es gracia. Quería volver a Haití, pero ha sido imposible por la situación de conflicto. Gracias por mi tiempo en Chad; ¡cómo llegué a quererlos! Gracias también por mi paso por España Norte, donde tan bien me acogieron y me trataron. En América siempre me han dicho que tengo la puerta abierta, pero, al venir enferma, pensé que lo mejor era volver a mis orígenes. Gracias a Dios, me recuperé rápidamente.

Por el año y medio pasado en La Providencia no tengo palabras que puedan expresar mi agradecimiento. Solo el Señor, en su misericordia, ha podido ofrecerme esta oportunidad.

Primero, vivir intensamente la vida comunitaria. Encontré compañeras muy queridas; a algunas no las veía desde el colegio en Santa Catalina. Volver a encontrarnos tan disminuidas como estamos todas, necesitadas de apoyo, ha sido un gozo, porque hemos podido cuidarnos unas a otras. Siento tristeza por las que nos han ido dejando, pero también ha sido una gracia acompañarlas en sus últimos momentos, en su Pascua.

A Sor Presen, ¿cómo agradecerle? Nos deja hacer, meter la pata con nuestra creatividad; nos acompaña, corrige y anima, pero, ante todo, cuida que nuestra vida espiritual rebose. Prepara liturgias especiales y retiros con esmero: una segunda gracia.

Por si fuera poco, el año pasado recibí el regalo de los Ejercicios en París, por «jovencita»; el jubileo en Roma, por sorteo; la sesión vicenciana en León, porque nunca había tenido oportunidad de participar; y, coronándolo todo, la participación en la Asamblea Provincial. No puedo pedir más.

Pero debo volver a la misión o, mejor dicho, continuarla. Misionera de nacimiento, lo he vivido en familia desde siempre. La misión no me necesita; soy yo quien necesita responder a este don.

Seguiremos unidas en la oración y en el recuerdo. Todas en el mismo carro, aquí o allí.

GRACIAS

Adelina Gurpegui, HC