Todo el mundo “ve”… pero no todos “miran”

"Bajo la mirada... mis ojos en Jesús"

El mundo entero ha visto las imágenes de Ceuta. La ciudad está llena de cámaras, y la cobertura de los medios de comunicación es amplia. ¿Con qué objetivo? ¿Para qué? ¿Para opinar y juzgar, o para actuar? ¿Nos hemos habituado a las imágenes? ¿Estamos perdiendo humanidad??
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21 | 09 | 2026

Sí… después de unas semanas en Ceuta… mantengo la miraba baja… porque es en el suelo donde está Jesucristo crucificado… con hambre, con sed… maltratado y humillado en los migrantes, en cada una de las personas, con sus historias personales, con sus sentimientos, con sus sueños, con su dignidad igual a todos… en teoría… 

 

Para nosotras, las Hijas de la Caridad, no hay otra manera… “la caridad de Cristo CRUCIFICADO nos urge”. Personalmente contenta de que, en verdad, respondamos “deprisa” al grito desolador de miles de personas abandonadas a su suerte, a la intemperie “literal”. Cada día salimos a su encuentro en las calles, en las playas, en los lugares donde han construido “su casa”, chozas que van construyendo como único refugio (con cañas, cartones, plásticos…) y a las que nos invitan a entrar y sentarnos… para estar con ellos y compartir su vida, sus esperanzas, sus miedos…

Hablan muchos idiomas, pero la mirada de corazón a corazón es la que nos conecta. Porque hay pocos que, en estos momentos, miren a los pobres con compasión… y yo me pregunto si tendrá límites la “deshumanización”, porque no alcanzo a comprender si de verdad los derechos son “humanos” entre tanta violencia y conflictividad… 

Son tantas las injusticias que vemos y oímos sin parar… 

...una chica de 17 años que da a luz en un asentamiento… pero no tiene sitio para cobijarla…

...un chico que tiene parálisis facial por el frío de la noche en la playa…

...una madre sola con sus dos hijos… que sonríen a pesar de todo, cantidad de ellos con heridas por todo el cuerpo… de andar sin zapatos, de palizas, de agresiones de todo tipo…

...una familia con un niño que padece parálisis cerebral, otro niño de 13 años que deambula por la calle con el pijama del hospital, un collarín y cojeando… porque le han dado el alta tal cual, etc, etc. 

Desde que vinimos, vivimos también nosotras el rechazo “por venir a ayudar”… es la primera vez que experimento el que se persiga a personas por hacer el bien, por dar de comer, por curar heridas, por acompañar al hospital… “Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia…”

Bajo de nuevo la mirada… ante el bombardeo de noticias y argumentos “antipersona”, que cada día intentan minar el ánimo, la compasión… la humanidad.

Hay cámaras por todas partes y todo el mundo ve las imágenes de la barbarie… ¿Para qué? ¿Para juzgar sin saber? ¿Para opinar y no actuar? ¿Para acostumbrarnos a ver y quedarnos sentados?

Todo el mundo “ve”… pero no todos “miran”, como en la parábola del buen samaritano… “pasan de largo” con excusas, con otros quehaceres en la cabeza, ensimismados en sus ideas.

Cada tarde desde que vinimos, vamos con Cruz Roja (escoltadas por policías y militares) a repartir una bolsita de comida… entre 4000 y 5000 personas… y bajo de nuevo la mirada… porque no puedo evitar llorar y conmoverme ante esa “cola del hambre” vergonzosa… inimaginable para quien no se sitúa y observa de cerca, insoportable para el corazón…

Sólo alzo la mirada para que se encuentre con los ojos de cada persona que pasa… sí, ¡aunque sean miles! Y me sorprendo cada día de cómo también ellos… cabizbajos… alzan la mirada y conectamos… y se produce el milagro de la sonrisa instantánea, del agradecimiento, del cariño. Ya muchos nos conocen porque nos ven todo el día donde están ellos, cuando van a ducharse, a curarse, a aprender algo de español… o están por la calle y nos gritan: “¡Gracias!” Y nos llaman por nuestro nombre… y se sorprenden cuando también nosotras les llamamos por su nombre y les decimos alguna palabra en “darija” y nos reímos con ellos.

Verdaderamente, aquí somos “Artesanas de paz y esperanza” (o eso intentamos), dentro y fuera de la Iglesia… es una oportunidad de ser testimonio de humanidad y de concordia.

Ceuta es una ciudad multicultural y conviven también (normalmente en paz) diferentes religiones. De hecho, hay iglesias, mezquitas, una sinagoga y un templo hindú, se conocen, se respetan y conviven con normalidad compartiendo todos los espacios.

Actualizando al hoy el espíritu de la Compañía de las Hijas de la Caridad en sus orígenes, me gustaría terminar compartiendo una “adaptación” de la Carta Magna que tenemos nosotras en las Constituciones (C.12.a), que define nuestro ser en medio del mundo:

“(…) …tienen:

- por monasterio las casas de los enfermos, y la ambulancia que acude a las chabolas donde se cobijan los que viven a la intemperie, y los hospitales donde acuden solos, sin hablar la lengua, sin visitas, sin lugar a donde ir cuando salen… sin nadie que les acompañe ni les espere…

- por celda un cuarto de alquiler, para poder responder con agilidad a las necesidades de los pobres… donde casi nadie acude a la primera señal de alarma. La comunidad, donde las hermanas compartimos todo lo que vivimos y rehacemos las fuerzas… que muchos días flaquean.

- por capilla la iglesia de la parroquia, que es la comunidad eclesial, alrededor de la mesa compartida para que el encuentro con “el cuerpo de Cristo en la comunión” nos impulse a entregarnos a Él en “el cuerpo y el espíritu de los más pobres”

- por claustro las calles de la ciudad, y las playas donde malviven, donde mueren tantos en el viaje, por el frío, por la violencia, por el hambre… y en las naves abandonadas, sin agua, sin luz, sin higiene… “descartados”

- por clausura la obediencia, que no es más que decir que SÍ al proyecto de Dios en la Compañía para el servicio de los pobres.

- por rejas el temor de Dios, el sentimiento constante de su protección y cobijo… cuando aparentemente pareciera que no está. No hay miedo, Él es nuestra fuerza en todo momento

- por velo la santa modestia, la sencillez para situarnos “como una más” al lado de los que ponen sus pocos “panes y peces” al servicio de los demás, sin hacer ruido. El testimonio de vida habla por sí sólo.

Bajo la mirada…los ojos en Jesús


Mª CARMEN SAPIÑA, HC (Hija de la Caridad Prov. España Este)