Amine: el joven que inspira a otros en redes y llegó a España nadando

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07 | 08 | 2026

Quien se cruce hoy a Amine A. por la calle, en Figueres, difícilmente lo distinguirá de cualquier otro chico de su edad. Es un joven normal y, con 24 años, está lleno de energía, sueños, y quiere comerse el mundo. Trabaja, practica calistenia, pinta, mantiene una presencia activa en redes sociales y se ha convertido en una referencia para otros jóvenes de su entorno. Su vida se parece a la de miles de jóvenes españoles. Solo hay una diferencia: para llegar hasta aquí tuvo que lanzarse al mar y cruzar a nado desde Beni Ensar hasta Melilla.

Amine A. no es la historia que muchos imaginan. Cuando Amine publica alguna de sus pinturas en redes sociales o comparte un vídeo de sus entrenamientos de calistenia, los comentarios suelen hablar de constancia, esfuerzo y superación.

Es un joven inquieto. Le gusta el deporte. Le apasiona pintar. Trabaja, tiene amigos y mira al futuro con la misma mezcla de ilusión e incertidumbre que cualquier persona de su edad. Hoy vive en Figueres, municipio de unos cincuenta mil habitantes a 42 km de Gerona. Y ha conseguido construir una vida estable. Desde hace dos años, trabaja a turnos en una conocida multinacional (Amazon). 

Por eso resulta difícil encajarlo en algunos de los estereotipos que suelen aparecer cuando se habla de migración. Porque Amine no llegó para delinquir. No llegó para vivir de ayudas. No llegó para convertirse en un problema. Llegó porque soñaba con una oportunidad. Y estuvo dispuesto a arriesgarlo todo para encontrarla.

La historia comienza en El Yadida, una ciudad costera marroquí situada al sur de Casablanca. Allí creció en una familia muy humilde junto a sus hermanos. Con el paso de los años, sus padres se separaron y su madre emigró a España. Mientras tanto, él seguía observando cómo el futuro parecía avanzar más despacio de lo que aspiraba un joven con ganas de construir una vida propia.

Entonces tomó una decisión que cambiaría para siempre su historia. Viajar a España. Se trasladó a Nador, conocida por ser origen de importantes flujos migratorios hacia Europa, y ser hoy puente hace España. En el bosque que lo rodea y zonas periféricas sobreviven miles de personas, algunas del propio Marruecos, y la mayoría subsaharianas, esperando dar “el salto”. Amine necesitó siete intentos. 

Tras esconderse seis veces, a lo largo de varias semanas, en los bajos de un camión, con el objetivo de entrar en España, sin éxito, en el séptimo intento logró acceder a los muelles del puerto de Beni Ensar, que por su proximidad a Melilla le permitió entrar a nado en España. Era 2022. Tenía 19 años.

No había cámaras esperando. No había titulares. No hubo discursos políticos. Solo un joven enfrentándose al mar.
Amine cruzó desde la zona de Beni Ensar hasta Melilla. Lo hizo impulsado por el mismo motor que mueve hoy a miles de personas que intentan alcanzar Europa: la esperanza de una vida mejor. Al llegar, la realidad no se pareció a ningún sueño. Melilla fue primero incertidumbre. Calles. Esperas. Miedo a ser capturado y devuelto. 

Preguntas sin respuesta.
Fue allí donde conoció a las Hijas de la Caridad y donde comenzó un acompañamiento que resultaría decisivo. También coincidió con su hermano mayor. Poco a poco inició los trámites necesarios para regularizar su situación. Solicitó asilo (posteriormente rechazada, al no existir ningún conflicto reconocido en Marruecos, por lo que España no considera que exista una situación generalizada de violencia que justifique protección subsidiaria), atravesó largos periodos de espera y finalmente obtuvo la autorización que le permitió viajar a la península. 

La verdadera historia, sin embargo, empezó después.
Porque migrar no es llegar. Migrar es empezar de nuevo. Aprender códigos distintos. Un idioma desconocido. Adaptarse. Encontrar trabajo. Construir confianza. Levantarse cuando las cosas no salen bien.

Hoy Amine trabaja, tiene regularizada su situación y ha podido viajar a Marruecos en dos ocasiones, en 2025, para visitar a su familia. También sigue cultivando sus aficiones, especialmente la pintura y el deporte, dos espacios en los que encuentra libertad y expresión personal. 
Mientras las imágenes de Ceuta muestran estos días a miles de personas jugándose la vida en el mar, historias como la suya recuerdan una realidad que muchas veces queda fuera de foco.

Algunos no llegarán. Detrás de cada joven que intenta cruzar una frontera hay una historia diferente. Algunos mueren en el mar. Otros quedarán atrapados en la incertidumbre. Y otros, como Amine, acabarán convirtiéndose en trabajadores, vecinos, amigos, artistas o referentes para otros jóvenes. 

La suya no es una historia extraordinaria porque haya triunfado.
Es extraordinaria porque nos obliga a mirar más allá de los prejuicios. A recordar que antes que migrantes, las personas migrantes son eso, personas. Y que, a veces, detrás de quien un día llegó nadando, solo había un joven que buscaba exactamente lo mismo que cualquiera de nosotros: un futuro.

 


Si quieres saber más sobre Amine: el lunes publicamos la entrevista completa


 

Sergio Méndez Martín del Olmo (Área de Comunicación)

Hijas de la Caridad Prov. España Este