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Alarmas y oportunidades: Carta de Sor Juana Mª Belzunegui, Visitadora

11 | 07 | 2020

Hace tres meses, de manera inesperada y sorprendente, nos vimos inmersos en el “estado de alarma” provocado por la irrupción del Coronavirus. Supuso para todas un cambio repentino en nuestras costumbres cotidianas, una parada de muchas de las actividades que hasta ese momento teníamos programadas y, en la mayoría de los casos, un “quedarnos en casa” para colaborar a que el virus no se propagara más de lo que ya lo estaba haciendo. Por desgracia, para muchas personas, incluidas algunas de nuestras.

Hermanas, el COVID-19 ha supuesto enfermedad, soledad y muerte y también para muchos, como bien sabemos, mayor pobreza, necesidad y hasta hambre. 
Pero, y aunque podría parecer lo contrario, no es tiempo “de lamentos sino de poner remedios” y es conveniente relacionar esta “alarma” más con las oportunidades que con los lamentos para no dejar sitio a los miedos y la desesperanza.
Traigo a la memoria, por el sentimiento que en mí ha dejado, todo lo que hemos vivido en estos meses del estado de alarma:

El fallecimiento de Sor Kathleen, Superiora General, tras la enfermedad que llevó con entereza y de la que nos hizo partícipes desde el primer momento. Toda la Provincia nos unimos en el dolor y la súplica a las Hermanas de la Casa Madre y a toda la Compañía. 

La Renovación de los Votos el día 25 de marzo. Este año lo tendremos siempre en la memoria porque las circunstancias han hecho que esta renovación fuera diferente, especial, seguramente más sencilla que otros años, pero puede ser que más profunda y con un sentimiento más grande de unidad. Algunas de vosotras habéis renovado los votos este año en el hospital, en vuestra habitación, fuera de la comunidad… y la gran mayoría uniéndonos en la Eucaristía retransmitida por la televisión u otros medios digitales. Lo más importante de todo es que hemos renovado nuestra entrega al Señor para servirle en los más pobres.

El final de la Cuaresma, la celebración de la Semana Santa y la Pascua. Posiblemente nunca hubiéramos imaginado una Semana Santa sin culto, sin procesiones, celebrando los oficios toda la Comunidad frente al televisor. Sin embargo, puede ser que este año celebrar los misterios más importantes de nuestra fe de manera virtual, nos ha hecho sentirnos más unidas a la Iglesia Universal. El Papa Francisco en estos meses ha querido hacerse más presente a través de los medios y nos ha dejado sus ricas homilías y reflexiones, que nos han ayudado a mantener viva la llama del espíritu y celebrar con gozo que Cristo ha resucitado y sigue vivo entre nosotros.

Y últimamente, cuando vamos pasando por las fases que nos van devolviendo poco a poco a cierta “normalidad”, hemos celebrado la venida del Espíritu Santo y la Santísima Trinidad, con el gozo de saber que Dios, que es amor, nunca nos deja solos pase lo que pase.

A raíz del “estado de alarma” escuché en una homilía la llamada a que, en nuestra vida, cualquier tipo de alarma hemos de hacer que funcione como despertador, que sirve para mantenernos en vigilia permanente, para convocarnos a la lucidez y al compromiso responsable, para aprovechar todas las situaciones como oportunidad.  Y es verdad, si vivimos atentas podemos descubrir que detrás de cada acontecimiento hay una “alarma” que nos quiere despertar de la inconsciencia, la somnolencia, el cansancio… para ponernos en el camino del compromiso. 

Tenemos por delante muchos retos en este momento en el que la economía ha sufrido un gran retroceso y habrá muchos pobres a los que su situación habrá empeorado o empeorará. Estas voces ya se empiezan a oír y bien cerca de todas nosotras. Es una de las alarmas fundamentales para las Hijas de la Caridad que nos despierta una y otra vez para salir en busca de los que más sufren.

Y también en nuestra Provincia tenemos otro reto muy próximo, es el de la Asamblea Provincial. La Compañía cada seis años invoca de manera especial al Espíritu Santo y se pone a disposición de lo que Él quiera manifestarnos. Supone para nosotras uno de los más importantes despertadores que nos ofrece la oportunidad de estar atentas a este momento de la historia y dejarnos interpelar por el sufrimiento de los pobres, franquear la puerta, mirar y salir con decisión y confianza.

Y termino diciendo que en la vida del cristiano y por eso en la nuestra también, el mayor despertador es la PALABRA y os ofrezco una adaptación del Salmo 15 que hoy y siempre nos da la seguridad de que el Señor está a nuestro lado:

Yo digo al Señor Tú eres mi Refugio.
Eres nuestro seguro a todo riesgo.
No tenemos miedo a los detalles concretos
de nuestra existencia en el día de hoy.

Yo digo al Señor: Tú eres mi Bien.
Las riquezas, los aplausos, los reconocimientos…
Es poca cosa aunque nos gusten tanto.
Tú eres nuestra suerte,
nuestra herencia incomparable.

Yo digo al Señor: Tú eres mi Guía.
Tú nos dices la palabra oportuna,
Tú nos das la respuesta acertada,
Tú nos instruyes cada noche mientras dormimos. 

Yo digo al Señor: Tú eres el que estás aquí a mi lado.
Tú eres el que nos acompañas,
el que nos fortalece en la dificultad.